Manuel Expósito Lara, cenital pebetero de la cerámica andujareña
OPINIÓN ·
Andújar tiene una historia artesanal extraordinariamente fértil, diversa y única y en cuanto a su actividad alfarera tuvo una inmensa vitalidad y difusiónALFREDO YBARRA
ZAGUÁN
Lunes, 19 de enero 2026, 19:03
Desde los albores de la humanidad la artesanía ha sido un valor inmenso para los pueblos ya que respondiendo a sus necesidades, se significa por ... una pulsión creativa. Es un pilar de su identidad y patrimonio cultural, que habla de los vínculos emocionales de un pueblo. Preserva tradiciones ancestrales, impulsa la economía y la singularidad local frente a la globalidad impersonal, conectando además a las personas con sus raíces y narrando la historia de una comunidad a través de objetos únicos.
Andújar tiene una historia artesanal extraordinariamente fértil, diversa y única y en cuanto a su actividad alfarera tuvo una inmensa vitalidad y difusión. Así aparece en obras significativas de nuestra literatura, zarzuelas, obras teatrales, películas, pinturas de grandes artistas y en museos nacionales e internacionales. Hoy, sin embargo, la cerámica en Andújar es una actividad secundaria, con alguna brillante salvedad como es Pedro J. López. Y al hilo de lo anterior, y en esa indiferencia general de la ciudad ante sus más eminentes valores, quiero recordar a uno de los últimos grandes ceramistas andujareños, Manuel Expósito Lara, que fallecía el pasado 24 de diciembre.
Nace en Andújar en marzo de 1936 en una familia humilde. Desde muy pequeño muestra habilidades plásticas y se aficiona a modelar el barro, ingresando con 12 años como aprendiz en la ollería de Pedro Castillo (uno de los grandes símbolos de la alfarería local). Allí tras la jornada laboral se quedaba y trataba de aprender y practicar lo observado a los alfareros, fijándose bien en los modelos de las piezas representativas de Andújar. Enferma gravemente y después vive un tiempo alejado del barro, teniendo que emplearse como vigilante de los puestos de arbitrios de la ciudad. Cuando regresa del servicio militar, trabaja por temporadas, principalmente, en las alfarerías de Muñoz y Mezquita, progresando en técnica, calidad y velocidad de producción. Su nombre y reputación en el oficio empiezan a ser valorados. Son los años sesenta del pasado siglo y tras contraer matrimonio, se traslada a vivir a Arjonilla trabajando en la fábrica de cerámica de Manuel Blanco, permaneciendo varios años allí y ganándose un prestigio de alfarero fino y con grandes recursos en cuanto a las piezas andujareñas. Tanto es así que gana varios concursos provinciales. Su realización estrella es la «jarra grotesca», la pieza más emblemática de la cerámica de Andújar, además de las jarras de estudiante, de agua, botijos de piña, de toro,… Ejerciendo como maestro alfarero enseña en la Escuela Municipal de Cerámica de Arjonilla. De esta labor de años queda aún hoy una huella importante entre los que llegaron a ser grandes profesionales del oficio en aquella localidad. En los años setenta y tras cerrar Blanco, Manuel Expósito regresa a Andújar, trabajando en la ollería de Mezquita, siendo ya un referente de la cerámica local. Poco después acepta volver a Arjonilla con algunos de sus antiguos compañeros en otra empresa cerámica, ejerciendo allí varios años como maestro en la misma. Es en estos años cuando una espectacular «jarra grotesca» realizada por él gana el concurso internacional de Cerámica de Múnich.
Los ochenta son años de crisis y Manuel Expósito desechando importantes ofertas, por cercanía a Andújar donde está establecida su familia, acepta la propuesta de Cerámica Padilla, en Bailén, donde continúa con su reconocida trayectoria. En 1988 junto a sus hijos emprende la aventura empresarial de «Arterámica» concebida para la producción de la cerámica iliturgitana más señera. Una exposición antológica en Andújar, con enorme éxito, programas de televisión y documentales, ratificaban la nombradía de Manuel Expósito Lara. Por entonces alterna su actividad con la enseñanza en la Escuela Taller de Andújar. Tras la aventura empresarial y hasta su jubilación trabaja como maestro en Cerámica Padilla, de Bailén. De su magnífica obra queda un relevante testimonio en colecciones particulares, instituciones públicas y en el Jardín del Alfarero, centro de interpretación de la cerámica iliturgitana.
Se ha ido una persona generosa, con una enorme calidad humana, uno de los últimos grandes emblemas de la cerámica de Andújar, que supo como nadie libar la savia madre de una artesanía excepcional, transmitiéndola en piezas que nos recuerdan que no hay arte sin artesanía, que no hay grandeza artesana sin emoción, sin la pasión creativa, que él puso en su obra.
Una vez más insisto, es hora de que Andújar abra sus ojos enturbiados a la luz de su tan extenso y sobresaliente patrimonio, al destello de los verdaderos (subrayo lo de verdaderos) personajes que representan la grandeza de la ciudad. Manuel Expósito Lara es sin duda parte de ese pebetero cenital de Andújar. ¿Seguiremos inanes?
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