ZAGUÁN
Un poco de junio, en su recamado aliento, cuando el sol suena a rompeolas, cuando los olivos se sueñan fecundos, hace que todo el año ... merezca la pena. Y en el crepúsculo de esta tarde contemplo el Guadalquivir con su filigrana de colores que se vuelve romance, mientras como escribiera Neruda, tiembla el mes como una mariposa. Los días parecen dibujar ondas amables en el aire que me hacen sentir de un modo distinto, tal vez inquieto y esperanzado, el pulso secreto de Andújar, que se enmarca entre el viejo cauce fluvial, «líquida sarta de sílabas de cristal» que diría Juan Ramón Jiménez y la oscura fronda que montea la sierra. Parece que junio llega como un ungüento que unge y mitiga las sempiternas heridas de la ciudad. Y en esta sensación halagüeña de tan propicio soplo, necesito que Andújar frente a sí misma repase la lección del acervo de su savia milenaria.
Para pensar la ciudad hace falta un cambio cultural importante, hace falta llegar a su alma, dialogar con su espíritu, debatir con su historia y especialmente con su intrahistoria, que es el fondo profundo de su discurrir, el contraste o el complemento de lo cronísticamente canónico. Necesitamos desde los hondos anales, si queremos amar la ciudad, hundir las manos en sus alcubillas, descubrir sus inmensos valores, sus contradicciones, sus debilidades, sus heridas, sus anhelos y necesidades. Andújar es una llana atalaya irresistiblemente deseada, nunca alcanzada, una aspiración que algunos tergiversan en un contumaz ombliguismo. Y, así, sin miradas altas, Andújar es una eterna quimera. Que un pueblo se reconozca en su cultura, en su patrimonio, en su discernida historia, en sus expresiones artísticas, es el principal modo de tocar la inmortalidad.
Y a todo esto me viene a la memoria un personaje que empuña una franca historia local. Antonio Ruiz Juncal, célebre médico ilustrado en la Andújar de los años veinte del pasado siglo. Pretendió dar animoso valor a la cultura de Andújar. Entre otras cosas resaltó la importancia de su muralla medieval. En 1925 escribía sobre el Castillo de Andújar en la revista Don Lope de Sosa. Llamó la atención sobre el enorme valor de los restos iberorromanos de los Villares, buscando ya entonces la protección de los mismos y solicitando a las administraciones que se preservaran y se sensibilizara sobre su alcance arqueológico e histórico. Dirigía entonces una carta a Alfredo Cazabán, gran valedor cultural del Santo Reino, requiriéndole para que viera el modo de impedir por medios legales la destrucción de lo que él consideraba la antigua Iliturgi (en los Villares de Andújar, hoy ya reconocida históricamente como Isturgi), ante los daños que sufre, añadiendo que dicho poblamiento se encuentra a flor de superficie, por lo que urgía una visita y acciones al respecto. La visita realizada por representantes culturales de la provincia se produjo y como consecuencia se redactó un informe que la Comisión de Monumentos remitiría al Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, a la Real Academia de la Historia y a la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades del Reino. Lustros después se realizaron diversas campañas arqueológicas que detallan el gran valor de Isturgi. Andújar cuenta con el Museo Arqueológico Profesor Sotomayor (en honor a Manuel Sotomayor, primer arqueólogo que excavó el yacimiento de Los Villares), inaugurado en 1999. Este museo revela el gran acervo histórico y arqueológico de Andújar encargándose de custodiarlo, exhibirlo, protegerlo, estudiarlo y difundirlo. Hablaremos más detenidamente de este espacio cultural y de su importante contexto humano e investigador. Mientras tanto no dejen de visitarlo.
Ruiz Juncal desveló personajes significativos de Andújar, como Manuel Cañete Extremera (Mediados del siglo XIX – 1920) poeta, periodista y africanista, fundador en 1874 de El Correo de Orán, órgano de la defensa de los intereses españoles en Argelia y que también se llamó luego El Correo Español. Así mismo Ruiz Juncal analiza «La prensa en Andújar», en El Guadalquivir (noviembre de 1929). Antes, en 1926 escribía: «Con el dinero mal gastado por los administradores del Antiguo Régimen, Andújar por su envidiable situación y por sus bellezas naturales, debiera ser la ciudad más alegre de Andalucía.» Igualmente el galeno contestatario decía: «En vez de crear, sus ineptos administradores, no hicieron más que destruir. Ellos destruyeron el famoso paseo de El Sotillo creado por el corregidor Ansaldo (Rafael), (parece ser que se quedó en proyecto) en la ribera del Guadalquivir, con su paseo central y paseos laterales para carruajes, plantas y flores de todas las provincias de España y hermosos arboles traídos en su mayor parte del extranjero.» Ruiz Juncal fue director y fundador del semanario conservador El Noticiero Iliturgense en 1903. También colaboró en publicaciones locales y provinciales. Fue miembro de la Comisión de Monumentos de Jaén y de la Real Academia de la Historia. Divulgador de la historia local y de personajes como el beato Marcos Criado. Participó vivamente en la vida pública local. Su influencia se extendió a la conservación de documentos históricos de la ciudad.
Es junio. ¡Es el momento! ¿Es el momento? La luz del alba cruza resbaladiza mis ojos. Una voz resuena en el misterio de los signos desvelados en el envés de las piedras.
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