Cristo de la Expiración en su salida de San Bartolomé. / J. C. G.

La Cofradía de los Estudiantes pudo al fin salir a la calle en el 75 aniversario

Jesús murió en en San Bartolomé para la redención de la humanidad

Fúnebre y negro Viernes Santo andujareño, que enseñó con sus antíquisimas cofradías el momento crucial de la Pasión de Cristo

JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ Andújar

Negros presagios se cernieron en la mañana funesta del Viernes Santo iliturgitano, cuando el rubicundo sol peinaba las lomas de Sierra Morena para aposentarse en los olivares de la campiña y ser testigo de tanto dolor y tragedia en Andújar.

Ya el florido, musical y barroco Jueves Santo con la sentencia a Cristo, preconizó su muerte en una jornada de Viernes Santo fúnebre donde la Semana Santa andujareña mostró solera, silencio y solemnidad. A primeras horas de la mañana, ya traspasó las puertas de la iglesia de San Miguel Nuestro Padre Jesús Nazareno 'Señor de los Señores' ligado a la nobleza y enraizado con el pueblo llano. También está relacionado con San Eufrasio y la Orden Trinitaria.

Su antigüedad se atestiguó a la entrada a la parroquia, ligeramente rebasado el mediodía, cuando una pancarta en el Ayuntamiento recordaba sus 425 años de historia bajo los acordes de la saeta y el paso ceremonioso de sus costaleras, con las ovaciones de la gente. No faltó el trombón identificativo de la hermandad.

Las Angustias

Ya en la tarde, salió en medio del hervidero la imagen, la Virgen de las Angustias, -casi tan histórica como 'el Señor de los Señores-, donde mostró a una madre que acoge afligida bajo el regazo a su hijo, víctima de la crueldad. Es la madre que sufre en silencio por las penas que que atormentan al hijo Esta imagen asistencial entronca con la impronta de la Congregación de San José de la Montaña, implantada en la residencia San Juan de Dios, donde tiene su sede canónica. La Virgen no se olvidó de sus mayores y los visitó en el patio interior. Estos les correspondieron con cánticos y alegría. Fue una imagen inédita en Andújar.

A Jesús le llegó su trágica hora en pleno crespúsculo en la parroquia de San Bartolomé, cuenco expiró y entregó el espíritu al Padre como signo de redención a la humanidad. Ya son 75 veces las que se repite este momento crucial en la vida cristiana, simbolizado esta vez con la amargura de una Madre, a la que la lanzaron pétalos. Justo en el 75 aniversario, la Cofradía de los Estudiantes pudo salira a la calle tras tres años de ausencia en las calles por la pandemia y la lluvia.

Cristo Yacente

Cristo Yacente descansó en su vitrina del escarnio al que se vio sometido en los instantes postreros de su pasión y los horquilleros lo mecieron bajo un silencio sepulcral como así lo verifica el nombre de su Venerable Hermandad. Y una pena vagó errante y compungida por el antiguo arrabal de San Bartolomé, cuando la Soledad iba en busca del hijo inerte. El silencio solo se quebrantó con el tambor, los sones del trío de Cámara y las notas de Antonio Pareja. Uno de los momentos más señalados se produjeron con el encuentro de ambas comitivas en la parte trasera de San Bartolomé, que turbó hasta la tranquilidad de la cercana zona de La Isla, un remanso de paz.