Una feria que averiguar

«Debe reforzar su personalidad para definir el sentido de lo que es Andújar como referencia»

Ambiente el pasado viernes en la caseta de La Trabajadera. /J. C. G.
Ambiente el pasado viernes en la caseta de La Trabajadera. / J. C. G.
Alfredo Ybarra
ALFREDO YBARRA

La Feria acaba de pasar su ecuador a una importante velocidad de crucero y en su fondo, en su simbología, cumple a la perfección sus distintos cometidos. Aunque todas las ferias en la comprensión más diáfana de su personalidad tienen prácticamente un argumentario muy parecido, cada una tiene peculiaridades que la diferencia y la hace excepcional. A veces son cuestiones patentes, muy palpables, otras, son aspectos más sutiles y etéreos, que con toda seguridad son los que abrazan ese espíritu ciudadano que se ancla a la identidad. En eso está la gran fiesta septembrina iliturgitana.

Es pronto para hacer balances. Hay ilusiones nuevas y regeneracionistas, que se perciben, hay unos puntos destacados que han cumplido las perspectivas y hasta han despuntado sobresalientemente, caso de Anducab y El Meeting Internacional de (Atletismo, creo que éste de un modo extraordinario). Hay otros distintos aspectos con suficiencia. Y otros perfiles que necesitan una revisión y otras sinergias, caso por ejemplo, de los colectivos sociales locales y el tema de las casetas. Por supuesto hay bastantes elementos que se debieran incluir, a mi entender, en ese contexto amplio de la Feria, para aprovechar su papel como pancarta y llamada.

Analizar la Feria es una apasionante experiencia, nos acerca al espacio reservado a la expresión de valores y sentimientos, a la celebración, y sobre todo a la tradición, a la percepción del presente y al despliegue de nuestro desarrollo (que atañe a la perspectiva de futuro). Hablamos de distinguir lo que el pueblo interpreta acerca de su devenir, de lo que piensa, de lo que siente. Pero es mucho más. Hablamos de una memoria colectiva, de un pálpito común que solo se da en este lugar, y no en otro. Hablamos de un hito desde el que compartir y cribar los acentos identitarios.

Pero es mucho más. Es tener un escaparate de los mejores perfiles ciudadanos y mostrarlo a los visitantes. También hay que valorar que la Feria es un punto de inflexión de lo cotidiano que altera festivamente la vida cotidiana (algo necesario, esperado y ansiado), que aglutina a la ciudadanía en torno a la celebración y sus preparativos, y convoca a sus hijos lejanos al retorno y el encuentro con amigos y familia. Así la Feria se convierte en esa necesaria bisagra entre el verano y el otoño, entre el desahogo y el curso que comienza. Y la Feria es además fantasear, abrazar de algún modo una exuberancia ambiental y urbana, es mesa o barra compartida, música y baile. El sociólogo Émile Durkhleim decía que «la fiesta primitiva era como una efervescencia colectiva, una de las formas elementales de la vida colectiva y la expresión de una solidaridad mecánica». La Feria conecta los distintos grupos humanos (peñas, amigos, familias, compañeros de trabajo,...). Es historia concentrada, genera memoria colectiva y también es esperanza, y afirma valores. Pero la Feria debe de reforzar su personalidad para definir el sentido de lo que es Andújar como ciudad impar, como referencia.

Mientras, es importante ese homenaje que se dedicaba el pasado viernes a Manuel (Manolín) Sequera, destacado ejemplo de los profesionales locales del mundo del caballo, y miembro de la más aventajada saga local al respecto. ¡Ay! Cuánto le falta a la ciudad en esto de reconocer los valores de ciudadanos que de verdad (recalco lo de verdad, que eso sí, el dar cuartelillo a cuatro listillos que saben estar y aprovecharse de circunstancias, sabe hacerlo a las mil maravillas) merecen el reconocimiento social e institucional.

Y sí, hay que destacar subrayadamente el meeting Internacional de Atletismo que se celebraba el pasado viernes con grandes resultados. Televisado en directo por Teledeporte, de Televisión Española, repitió la señal a más de ochenta países. Mediáticamente seguido por múltiples agencias y medios de comunicación, ha tenido un extraordinario eco.

Un eco auténtico, no de esos que aunque lleven mucha purpurina no dejan de ser algo exiguo. Un eco que en esta ocasión ha unido el nombre de Andújar al prestigio y la excelencia. En este encuentro internacional, en triple salto, la venezolana Yulimar Rojas lograba con sus 15,41 el segundo salto de la historia, a 9 centímetros del récord del mundo. El español Javier Cienfuegos conseguía el récord de España de martillo (79,38), la tercera marca mundial del año.

Al respecto del salto de Rojas, un amigo me decía que si Nicolás Maduro sabría dónde estaba Andújar. Y en cuanto a eso, vaya la anécdota de que un misionero capuchino, fray Francisco de Andújar, cuyo verdadero nombre era Francisco de Paula Ravé y Berdura, nacido en Andújar en 1760, humanista y creador de una cátedra de Matemáticas en Caracas, fue maestro y tutor de Simón Bolívar, fundador de las repúblicas de la Gran Colombia y Bolivia, que lideró la independencia de las colonias de la América española. La Feria de Andújar da para mucho. Ojalá supiéramos averiguarla en sus certezas.