Doce víctimas para una catarsis que rompa el maquineismo
Literatura. ·
Juan Rubio aspira en su libro de los 12 mártires de Andújar beatificados que la iglesia honre a sus víctimasALFREDO YBARRA
ANDÚJAR
Domingo, 4 de enero 2026, 13:57
A estas alturas de nuestra historia seguimos manteniendo demasiadas sombras sobre muchas vertientes de la Guerra Civil. Falta reflexión crítica colectiva que nos aleje de ... los juicios de valor partidistas e interesados. Por otro lado, en todo conflicto hay historias humanas significativas, muchas de ellas trágicas, que deben ser contadas para encontrar los nexos de una trama común.
Al hilo de esto, el pasado viernes se presentaba en Andújar un ensayo de Juan Rubio Fernández (Fuerte del Rey, Jaén, 1958), sacerdote y periodista con un amplio bagaje que además se por ser persona inquieta, culta, un muy activo lector, cuyas apreciaciones siempre han sido muy independientes, incluso audaces y desembarazadas. También es un avezado escritor con numerosas publicaciones.
En su dilatada andadura ha estudiado la guerra civil en Andújar. Y ahora, coincidiendo con que la iglesia provincial ha celebrado la beatificación de 124 'mártires de la Iglesia de Jaén', Rubio, publica el libro 'Testigos del Amor Crucificado: Doce mártires de Andújar por odio a la fe', un ensayo en el que lleva tiempo trabajando (no obstante su labor pastoral la ha realizado durante bastantes años en esta ciudad), donde no falta la investigación, el acudir a los datos, a los archivos, a los testimonios directos de quienes vivieron aquellos convulsos momentos.
La obra hace una reflexión sobre los prolegómenos de la guerra en Andújar y los acontecimientos acaecidos en la ciudad andujareña entre el 13 de agosto y el 17 de octubre de 1936 que acabaron con la vida de estos ¡mártires de la iglesia de Andújar. El ensayo comienza con un introito que quiere aclarar mucho de la postura del autor, y contextualiza la propia obra en relación a la ley de Memora Histórica y ahora llamada Memoria Democrática.
Juan Rubio aclara que su ensayo se circunscribe a una Memoria Histórica de la Iglesia en Andújar en un tiempo concreto, los tres primeros meses de la Guerra Civil.
En este apartado relata cómo tras la muerte de Franco diversos historiadores y el devenir democrático han ido poniendo orden en el relato de la memoria histórica del franquismo. Igualmente señala que la memoria histórica no puede tener unos solos dueños, que no puede estar ideologizada. Debe de ser, dice una «memoria agradecida». Apuesta por que la Iglesia honre a sus víctimas, cuya dignidad les fue arrebatada por la muerte, y apuesta por el reconocimiento de todas las víctimas asesinadas en la guerra, algo que dé paso a una verdadera reconciliación. Deja el autor en este prefacio, con la esperanza de que no las olvidemos nunca las palabras 'Paz, Piedad y Perdón' que el entonces presidente de la república Manuel Azaña pronunció en las cortes en 1938.
El diseño de la portada es de Alicia Borrego. El prólogo lo escribe Carlos Moreno Galiano, arcipreste de Andújar. Y el epílogo es de Andrés Borrego Toledano, diácono, escritor y gran conocedor del autor. En su desarrollo el texto sigue un ritmo litúrgico que toma prestado de la novela 'Vísperas, Solemnidad y Octava de San Camilo de 1936 en Madrid' de Camilo José Cela.
No falta en la obra como referente una licencia literaria en torno al entonces obispo de Jaén, Manuel Basulto Jiménez, asesinado en agosto de 1936. Juan Rubio habla de la situación de Andújar en esos años de la década de los treinta del siglo pasado, de la radicalización política y social acaecida, con vertientes que se habían desquiciado, en aquellos primeros momentos de la guerra, y cuya mecha ya venía prendida de los meses anteriores.
El autor en esta obra refleja la biografía de los 12 mártires, que ha recopilado concienzudamente. Ese repaso a la vida y circunstancias de la muerte de cada uno de los ahora beatificados, en el contexto de aquellos tiempos que por momentos se volvieron furibundos, estremece a cualquier lector. Recordar la historia de tantos inocentes que murieron de forma tan sanguinaria e irracional es honrar su memoria y como señala Andrés Borrego, debe servir para que la sociedad se eleve sobre sus traumas pretéritos y se sobreponga en una catarsis que rompa, «las divisiones absurdas e irracionales del pasado».
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