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FUENTE DE LAS VISTILLAS
Conciencia de identidad

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OPINIÓN ·

«A una semana de las elecciones municipales es más que patente la agitación que este hecho transmite en todos los ámbitos locales»

ALFREDO YBARRA

ZAGUÁN

Domingo, 21 de mayo 2023, 17:55

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A una semana de las elecciones municipales es más que patente la agitación que este hecho transmite en todos los ámbitos locales. En los medios de comunicación, en las redes sociales, en el boca a boca ciudadano, en la acción institucional; en la febril actividad de nuestros políticos en muchos y variopintos escenarios, en la cartelería y propaganda electoral, en los mítines, todo nos dice que el domingo que viene va a ser un día especial, donde Andújar se juega mucho, en gran medida su propósito o sentido existencial. Pensemos que la comunidad más natural de la sociedad es el municipio.

El mundo está cambiando con mucha rapidez en infinidad de aspectos y es en el espacio físico de los municipios donde hay que afrontar y combatir muchos de nuestros retos actuales. Y en medio de toda esta agitación, a la vez que me pregunto por las debilidades, las amenazas, las fortalezas y oportunidades que tiene Andújar, me asalta la idea, intangible e inefable, de la identidad local, algo que en definitiva es fundamental y que se ha interpretado, en mucho, arbitrariamente.

La identidad ciudadana es un concepto que directamente o transversalmente es constitutivo de la peculiaridad de nuestro desarrollo y perspectivas comunitarias, siendo un pivote del imaginario colectivo. Igual que pasa con ciertos aspectos de la historia y la intrahistoria de la localidad, igual que pasa con algunas de nuestras tradiciones, que se han difuminado o confundido, también ocurre con nuestra identidad. La identidad representa esos rasgos propios de nuestra colectividad que la hacen ser ella misma y no igual que otra. Es la conciencia que tiene Andújar de ser ella misma, singular diferente a otro lugar.

La ciudad tiene que vivificar, metamorfosear, ese aliento innato (propio de su naturaleza, y anquilosado desde hace bastantes años) contumaz, beatífico, volátil, e intenso, de la fe en sí misma, de la ilusión por los altos anhelos. Y eso sólo puede hacerlo reconstituyendo su identidad. La ciudad puede y debe atravesar sus propias aristas y trascenderse a sí misma, dejar de aferrarse en sus deseos intensos y recónditos al gatopardismo (cambiar todo para que nada cambie) de los últimos largos decenios. Andújar necesita soñar despierta. Que ya lo dijo Víctor Hugo, que no hay nada como un sueño para crear el futuro.

Se ha intentado hacer un palimpsesto (manuscrito en el que se ha borrado, mediante raspado u otro procedimiento, el texto primitivo para volver a escribir un nuevo texto) de una significativa parte de la cultura de Andújar, de ese conjunto de conocimientos, ideas, valores, tradiciones y costumbres, que la caracterizan per se. Hablo de un magma, de una masa madre idiosincrática que ha sido catalizadora del efluvio identitario de la ciudad. Julio Cortázar lo apostilló a la perfección cuando dijo que «la cultura es el ejercicio profundo de la identidad.» No pensemos que la identidad es algo inamovible, no, es un proceso en construcción constante, y cambiante, jamás estático, pero como digo, imbuido por un fundamento medular, impar, genuino, no tergiversado. El carácter, la memoria, la cultura, la savia, de los habitantes se imprime en la ciudad, y (sin que sea coetáneo) el carácter, el pálpito, la memoria, la cultura y la savia de ésta van definiendo el de ellos.

Por eso «la ciudad te perseguirá» como dice el poeta griego Constantino Kavafis refiriéndose a la ciudad de Ítaca. Ilusión, deseo, identidad son contestaciones que hay que dilucidar especialmente en este tiempo tan cambiante, globalizado y enredado. La escritora argentina Alejandra Pizarnik decía que nada más intenso que el temor de perder la identidad. Me provoca mucha desazón que Andújar desdibuje su identidad, que su relato se escriba con una tinta que no corresponde a la verdadera vivencia y percepciones de su alma. Y es que como dice Eduardo Mendoza: «Algunos buscan la identidad en la infancia, yo busco la identidad colectiva. Si algo no me interesa en la vida soy yo, pero sí la sociedad en la que vivo, la ciudad de la que me alimento». El premio Cervantes 2016 palmariamente subraya esa identidad que da sentido a su vida. Estamos insuflando cada vez más la ciudad donuts, donde ocultamos el centro de su alma, de su identidad; una ciudad que ha dejado de existir como un organismo armonizado en una partitura común, y sobrevive como un desvirtuado facsímil de sí misma. La ciudad es nuestro venero, nuestro mirador a la vida, también es nuestra fortaleza. Y sobre todo es el ágora donde crecemos. Balzac fue el primero en considerar a la ciudad como portadora de un lenguaje, de un condicionante de conducta y pensamiento. Hablaba ya de la calle como un sistema de signos, como un espacio de comunicación. La identidad de la ciudad se construye desde los profundos valores culturales, ese conjunto inmaterial de bienes, ideas, consideraciones e ideales que nos reconocen, nos integran y nos responsabilizan como pueblo. Es nuestra insondable brújula.

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