Viandantes por la Corredera de Capuchinos, una de las arterias comerciales de la ciudad. / J. C. GONZÁLEZ

El comercio resiste ante los avatares de la pandemia y la inflación

Representantes de un sector clave en la ciudad se adaptan a las tendencias del tramo final de la pandemia y la subida de los precios

JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ CORRESPONSAL

Los comerciantes de la ciudad no se arredran ante los embates desatados por la pandemia, la inflación y le guerra de Ucrania, y salvo algunas excepciones que les han obligado a cerrar la persiana, la mayoría resiste adaptándose a las circunstancias que les ha tocado vivir, por amor a esa profesión y porque además, son conscientes que su sector es vital para la salvaguarda de la economía local. Así lo han afirmado exponentes de varios sectores del comercio iliturgitano.

Antonio Molina, comerciante del textil, se congratula de la vuelta a la normalidad con el tramo final de la pandemia que ha motivado la recuperación de eventos, «hemos sacado mucho producto a la calle que teníamos en los almacenes, porque llevábamos dos temporadas sin vender nada». Desea que la campaña invernal sea buena, pese a las amenazas que se presentan. «Nosotros estamos vendiendo productos que hacen falta porque no tiene más remedio que comprarlo porque los necesitan para el evento», ataja. También ha notado la subida de la luz, «este año estamos pagando el doble», precisa. Antonio resta importancia a que se tengan que apagar la luz de los calles, «a mi lo que me preocupa es tener mi local acondicionado, ordenado y con luz dentro», considera.

Plaza de Abastos

Francisco Expósito, carnicero en la Plaza de Abastos, indica que el consumo ha descendido de forma considerable, circunstancia que achaca a la subida de los precios en todos los artículos, «en mi caso los márgenes comerciales se me merman porque trato de incrementar los menos posible los precios para mantener la competitividad», explica. Expósito ha percibido cambio de hábitos en las compras, «adquieren las cosas más económicas como el cerdo en vez del cabrito y la ternera». Añade que el calor ha hecho mella en el recinto a la hora de comprar y no ha visto tanta gente como otros años en verano.

Carmen Fernández, regenta una tienda de comercio de decoración interna en la Corredera de Capuchinos, donde no deja de buscar ideas y atraer al cliente que cada vez tiene menos poder adquisitivo por culpa de la subida de los precios, «nos buscamos la vida como podemos, con una atención esmerada al cliente a base de cercanía y profesionalización y eso lo nota la gente», señala Fernández, quien aplaude iniciativas como el Bono Comercio y el Festival Capuchinos Rock. «Todo eso es bueno para el comercio, que ha estado dos años parado por la pandemia y por fortuna hemos remontado, aunque la subida de la energía también nos afecta», ataja.

Alfonso Delgado regenta junto con sus hermanos una cafetería y un salón de bodas en la Avenida Puerta de Madrid. Reconoce que pese a que están regresando las actividades, «no levantamos el vuelo porque aún sigue el miedo instalado entre la gente por lo que las bodas no son tan numerosas como antes, ya que prefieren el aire libre». Alfonso añade que ellos está asumiendo el coste de la subida del nivel de vida, «en los futuros menús si aplicamos ya el incremento de los precios, pero a los que ya teníamos establecidos, no los podemos modificar, de ahí que hemos perdido beneficios», tercia.

Teresa Izquierdo, responsable de un comercio tradicional en la Avenida Plaza de Toros advierte como su clientela consume menos al dividir los gastos por culpa de la inflación, «ahora se trata de ahorrar bastante». Percibe como la gente se molesta al ver como todas las semanas suben los precios, «y a nosotros nos afecta porque agosto es un mes flojo en la ciudad y tampoco puedo aplicar todas las subidas de las materias primas», cierra.