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La ciudad y sus significados

Andújar vive desde hace tiempo un vuelco monocromático

Pedro Antonio de Acuña y Cuadros, nacido en Baeza, y pasó parte de su vida la pasó en Andújar, donde protagonizó la Junta Suprema de las Andalucías,

ALFREDO YBARRA

ZAGUÁN

Regresa Andújar a sus rutinas y vuelve a llenarse de cumplidores pasos de su normalidad. Por las venas de la ciudad corre sangre acomodada a ... unos compases romos. Comienza una temporada que en algunos ámbitos va a ser especialmente agitada caso de la política local con la perspectiva de las elecciones municipales como punto cardinal y de acontecimientos como los del VIII Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza, que va a copar en gran medida el calendario iliturgitano.

Momentos sensibles que van a influir y mucho en el día a día y en el futuro de la ciudad. Es normal. Pero tal vez es momento de que Andújar sienta la necesidad de contemplar y abarcar en sus afanes todo su caudal, que tiene muy abandonado. Seguramente ese caudal, ese fermento caleidoscópico, supone su verdadera razón de ser. Andújar vive desde hace tiempo un vuelco monocromático, un centrar su mirada pública en unas vertientes muy concretas olvidando todo un enorme acervo de aspectos que dan fe de su vasta historia, de su identidad, de su cultura, de su memoria, de su patrimonio, de su enorme riqueza intangible. Es como ese barco que se escora hacia uno de sus costados, puede poner en peligro su estabilidad. Andújar necesita recargar sus significados además (repito lo de además) de esos aspectos que tanto abraza, y alcanzar un algo más.

La sociedad, la ciudadanía andujareña, para afrontar nuevos retos se ha quedado en un momento pusilánime, acodada en un llamativo conformismo. Andújar precisa una regeneración de sus significados, de su imaginario social. Necesita que el barco esté equilibrado (adrizado en términos náuticos). El imaginario social de Andújar es el conjunto de creencias, valores, relatos, símbolos, mitos y representaciones colectivas que dan sentido a su mundo para así comprender la realidad, y encarar su día a día.

Y ese imaginario es polícromo y fértil y hay que cuidarlo, conocerlo y promoverlo. Andújar lo necesita. Sí, y precisa recuperar todos sus significados. Porque las ciudades no entran en uno si no se les abre las puertas de la razón emocional. La ciudad es memoria, deseos y aspiraciones, es historia íntima, es una narración copulativa que hay que descifrar ineludiblemente de un modo interrelacionado.

En su poema 'Hablo de la ciudad', Octavio Paz nos nuestra su interesante visión de una sociedad, toda la sociedad, que se conjuga dentro de la ciudad, donde todos y cada uno de los elementos y visiones que la integran interaccionan para dar vida a la urbe, para hacerla dinámica y cambiante creando su propia identidad. Se trata de querer entender nuestra historia pública y nuestra historia secreta, como si fuera una tela trenzada con todas las hebras del costurero andujareño. Sólo así la ciudad puede crecer de un modo total y hondo.

Maquiavelo se puede considerar un pensador útil en su defensa de la primacía de la política, la democracia y las ciudades a la hora de definir los cambios de nuestras sociedades. Maquiavelo escribió con brillantez que solo en aquellas ciudades donde el pluralismo social, participativo, estuviese garantizado habría el poder suficiente para realizar mutaciones decisivas. Las ideas de Maquiavelo influyeron mucho en la defensa de la libertad y el pluralismo, de la energía positiva del conflicto dialéctico, para el desarrollo de la ciudad y del compromiso histórico de las sociedades con el cambio.

En una de sus extraordinarias conferencias, el semiólogo y filósofo francés Roland Barthes defendió la necesidad de concebir la ciudad como un discurso y un lenguaje, como un ente que habla a sus habitantes y que se resignifica a partir del modo en que se habita, se recorre y se contempla. Pues eso es lo que ahora más que nunca necesita Andújar, una nueva mirada, una diferente forma de reconocerla en toda su dimensión histórica, otra manera de pensarla y habitarla.

Ojalá la ciudad se llenara de nuevo de elogios ganados por merecimientos propios, como los que ha tenido a lo largo de la historia, por parte de célebres e insignes personajes, por los grandes significados que ha empuñado. De momento embebámonos de las palabras de Juan de Olid, escudero del condestable Lucas de Iranzo, y protagonista de la novela En busca del unicornio, de Juan Eslava Galán, cuando dice:

«Y dimos vista a la sierra Morena, alta y azul a partes gris, y a su falda vimos, tendida como blanca sábana al alegre sol mañanero, la ciudad de Andújar que es de las más ricas, hermosas y principales de esta tierra».

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