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'Códice de Andújar' en una exposición DIÓCESIS DE JAÉN
Una ciudad literaria (IV)

Una ciudad literaria (IV)

OPINIÓN ·

«No podemos obviar la capital aportación para el patrimonio local que supone la conservación en la ciudad del manuscrito de san Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor, conocido como 'Códice de Andújar'».

ALFREDO YBARRA

ZAGUÁN

Domingo, 12 de mayo 2024, 13:11

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Quiero creer que en la balanza de la memoria de Andújar, la cultura, las artes y las letras, el humanismo ilustrado, han tenido un peso esencial que le han dado una sui géneris y notable pátina (en momentos tiznada por otros sesgos y corifeos de la insulsez churrigueresca). Ha habido tiempos donde la ciudad ha sido, de acuerdo a su dimensión, una importante encrucijada en la que surgieron personajes con destacada notoriedad en los distintos ámbitos de las bellas artes y el pensamiento. Sin embargo, a la par, Andújar es bastante desagradecida con los suyos, especialmente con sus preclaros ciudadanos; algo que deberíamos corregir seriamente, con ánimo inmanente, si queremos de verdad labrar un provechoso y trascendental porvenir.

De la literatura de Andújar en los Siglos de Oro (XVI y XVII) no podemos obviar la capital aportación para el patrimonio local que supone la conservación en la ciudad del manuscrito de san Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor, conocido como «Códice de Andújar». Que se encuentre en Andújar ese tesoro de la mística sanjuanista me hace sentir la esperanza de que frente a la ciudad de fatua banalidad hay otra que nos llama a otros nutricios caudales alentados por ese prontuario espiritual y de vida de san Juan de la Cruz. Este códice acabó en el convento carmelitano de Andújar de la mano de seguidores del santo que llegaron a la ciudad después de morir éste. Con el tiempo, pasó a manos de la familia Piédrola, benefactores y protectores de los carmelitas de Andújar hasta que, en 1918, el Conde de la Quintería emparentado con los Piédrola por su matrimonio lo depositó en Santa María y se expuso en el altar del Cristo de la Paciencia.

En cuanto a la prosa el panorama resulta bastante heterogéneo, si bien hay un predominio de las obras cronísticas, que más que por sus valores estéticos sobresalen por los datos y hechos que aportan. En la Biblioteca Colombina de Sevilla, fundada por Hernando Colón, se conserva el manuscrito del clérigo iliturgitano Juan de Acosta Declaración o Relación de la India, y de sus Reynos y Señoríos, quales son Moros, y quales Gentiles, y de sus costumbres y otras cosas, traducción que hizo de una obra portuguesa en 1524. Juan de Acosta navegó por el Pacífico siguiendo las rutas del jienense Pedro Ordoñez de Ceballos.

Uno de los autores más destacados del XVI es sin duda Juan del Caño (Andújar, 1520-Salamanca, 1583), famoso polígrafo y escriturista, tío de º Terrones del Caño, con quien compartió la amistad de los hermanos Argensola. Fue profesor en la Universidad de Salamanca, donde sobresalió por sus amplios saberes, como confirman los elogios de sus contemporáneos (entre ellos el famoso teólogo Arias Montano), quienes afirman que fue poeta en lengua latina, griega y hebrea. Todo el mundo del saber le interesaba: fue músico, matemático, astrólogo, especialista en aritmética y geometría... Durante treinta años ocupó la cátedra de Escritura, siendo el primer catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela, prosiguiéndola en León y acabando en Salamanca. Durante su etapa de canónigo en León, concretamente en 1561, escribió dos cartas a los cabildos eclesiástico y seglar de Andújar para informar de sus investigaciones sobre san Eufrasio y la antigua Iliturgi, que situó cerca de los Villares, hoy pedanía de Andújar. El proceso culminó con la traída de las reliquias de San Eufrasio a Andújar en 1597, labor en la que se afanó su sobrino, Terrones del Caño.

Hoy sabemos que el sabio andujareño se equivocó, porque las excavaciones han dejado claro que es Isturgi la población que se encontraba en Los Villares. Pero el devenir de los tiempos ha hecho que la ciudad rinda con pleno convencimiento devoción a san Eufrasio, quien es patrón de la ciudad y que los andujareños nos podamos llamar también iliturgitanos, sabiendo corregir lo que haya que corregir, pero dando el peso que tiene a todo el largo devenir de un henchido gentilicio con tantas derivaciones. El español reconoce un gran número de gentilicios concretos basados no sólo en los fundamentos lingüísticos; son criterios igualmente válidos para determinar un gentilicio aquellos relacionados con la cultura, la historia, la tradición y el uso. Con Juan del Caño se inicia una saga familiar, que daría ilustres figuras a nuestras letras y a nuestra historiografía. Protegió a su sobrino Francisco Terrones del Caño, que fue prelado predicador real, y a quien enseñó muchos de sus saberes. Descendiente de Juan del Caño también fue el historiador Francisco Terrones Robles. De ellos y de la Andújar irisada seguiremos hablando.

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