Una ciudad desmemoriada
OPINIÓN ·
«Si la memoria de una ciudad se desvanece, ésta pierde el rumbo»ALFREDO YBARRA
ZAGUÁN
Lunes, 9 de marzo 2026, 13:57
Ya he escrito tanto de mi pueblo, de mis percepciones sobre Andújar, que tengo la impresión de que ya no hace falta que diga nada ... más si alguien quiere saber lo que siento. Pero, sin embargo, creo que necesito abrir aún más los postigos de mi corazón, que va mucho más allá de lo que por mí mismo soy.
Mi corazón es también la historia en la que me sostengo, mi geografía, la voz profunda de Andújar, sus lamentos, sus sueños, sus quereres. Las entretelas de mi corazón no pueden ser ajenas a la médula de Andújar, una médula que no se puede sentir a primera vista, eso es un fatuo deseo. Su auténtica esencia, su aliento, transpiran debajo de su piel, debajo de esa apariencia superficial, monocorde y frívola en la que se le quiere embutir.
Allí, en los más hondos yacimientos de la ciudad milenaria, tan políglota de alma, tan pluricultural, tan sincrética, alumbra la andujanía más preclara, no la de vista miope, sino la de la mirada honda, ancha y larga; allí donde vibra su sentido más trascendente. Por eso, insisto en mi encuentro con Andújar, en sentir su memoria atravesar mi conciencia.
El patrimonio, la historia, todo el caudal a tantos niveles del devenir de una ciudad, es una materialización de su memoria colectiva. Una memoria que viene a ser una construcción social y cultural, una conciencia común en torno a hechos, personajes, y huellas materiales e inmateriales.
Si una ciudad le da la espalda a su memoria, si la memoria de una ciudad se desvanece, ésta pierde el rumbo. Hay una frase de Valle Inclán (También la citaba Gómez de la Serna) que dice que: «Las cosas no son como las vemos sino como las recordamos». Y si no dialogamos con suficiente constancia con nuestra memoria, vamos a estar desorientados, vamos a perder nuestras señas de identidad, nuestra conciencia histórica. Un pueblo necesita ser consciente de su memoria para construir su presente y su futuro. La historia, cuando relata ese conjunto de hechos políticos, sociales, económicos, culturales,…, de una comunidad, es tan real como la vida misma. O sea, que tiene su punto de ficción. Pero, en gran medida, por evidencia y razonamientos convenimos en ella. Luego está la crónica engañosa, esa historia un tanto distorsionada que se ha ido imponiendo, con una imagen, con unos anales sesgados de la ciudad.
Y como, eso sí, a estos niveles Andújar tiene buenas tragaderas, el relato parcial y hasta falsario, se impone como si fuera la verdad absoluta y queda grabado a fuego y oro en el lemario local. Y ahí permanece como si siempre hubiera sido así, como si el relato no tuviera otra cara. Y es que, como digo, Andújar tiene una memoria demasiado laxa y cicatera y desde hace ya bastante tiempo esa memoria se queda en un repertorio muy deshabitado.
Así, la conciencia histórica de Andújar poco a poco se ha vestido con un externo y tintineante brocado, y con una enfática e hinchada vanidad local que poco tiene que ver con las grandes vertientes patrimoniales e históricas que conforman realmente el corpus medular de Andújar.
La ciudad, en gran medida, ha sobresalido por ser un lugar cosmopolita e ilustrado donde han convivido ideas variopintas. No obstante el Guadalquivir, el río con más historia y cultura de España y las grandes rutas que han atravesado la localidad, con tanta diversidad de creencias, costumbres, saberes y artes, han dejado en Andújar una savia inefable única.
Ejemplos de la nublada conciencia histórica de esta ciudad nuestra que tanto sabe de olvidos y desdenes los vemos estos días en la prensa. El escultor Antonio González Orea, su enorme significado a muchos niveles y el sitio que merece su memoria en la ciudad. La Asociación Amigos del Patrimonio ha manifestado su preocupación por el mal estado del Puente Romano sobre el Guadalquivir, una infraestructura histórica que la ciudad hace mucho, mucho, tiempo tenía que haber contemplado y tratado de otra manera.
Y otro elocuente ejemplo refiere cómo hace unos días Baeza en su propósito de poner en valor la figura de baezanos ilustres, organizaba una conferencia sobre Pedro Antonio de Acuña y Cuadros (del que ya hablé aquí mismo), a cargo del catedrático de la Universidad de Jaén, el iliturgitano Miguel Ángel Chamocho. Aunque nacido en Baeza, Pedro Antonio de Acuña, se avecina pronto en Andújar donde incluso está enterrado. Es según Chamocho una figura clave para entender el origen de la Comunidad Autónoma de Andalucía, haciendo posible la formación de la Junta Central de las Andalucías de Andújar, defendiendo los principios del constitucionalismo de 1812. Fue presidente del Congreso y Ministro. Tres ejemplos que subrayan la falta de una conciencia histórica de la que, incluso, de algún modo, Andújar parece enorgullecerse.
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