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El alarmante ocaso de los hortelanos y frutales en Andújar

Testimonios de los fruteros de la plaza de abastos lamentan la pérdida de actividad de las otrora pujantes y fértiles huertas

Dolores Crespo, el pasado miércoles en su puesto de la plaza.
Dolores Crespo, el pasado miércoles en su puesto de la plaza. (GONZÁLEZ)

JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ

ANDÚJAR

Los productos de la huerta y los frutales de la zona, que tanto predicamento y arraigo han atesorado en la fértil vega andujareña pierden pujanza ... y fuelle. Así se desprende del testimonio de los fruteros y fruteras de la plaza de abastos, que tras sus décadas de actividad, están siendo testigos de este declive. La falta de relevo generacional, la irrupción de las grandes superficies, las plagas, el cambio climático y la escasa rentabilidad merman la actividad.

Inmaculada es una frutera de la plaza de abastos con dos décadas de andadura. Señala que no merece la pena sembrar hortalizas y frutales, «vienen las plagas, acaban con lo que has sembrado, por lo que no tiene recompensa tanto esfuerzo». Recuerda que antes las condiciones climáticas eran favorables para los cultivos, «estas olas de calor están siendo tremendas, que vienen acompañadas por intensos periodos de lluvia, como el del pasado invierno que se ha cargado cosechas y que te obligan de nuevo a sembrar», constata.

Valorar los nuestro

Inmaculada también pide que la gente valore la calidad de los productos de la tierra y el esfuerzo que realizan los hortelanos. «La gente prefiere un tomate que viene de lejos, que tan solo cuesta un poco menos y esto me ha obligado a abandonar mis tierras de la carretera de Los Villares y de los Cortijuelos cuando antes sembraba d de todo», lamenta. También recuerda con un halo de nostalgia como la plaza de abastos estaba llena de gente, que adquirían los productos del terruño.

Dolores Crespo está cerca de jubilarse y ha visto como cada vez viene menos gente a adquirir los productos de su puesto, uno de los más veteranos de mercado de abastos. Señala como causantes de este hecho la aparición de numerosas fruterías, a las que se acompañan la proliferación de las grandes superficies, «antes existían nada más que la plaza y cuatro tiendas y además la gente ya no quiere trabajar, por lo que las huertas de nuestro entorno están ya vacías», subraya.

Crespo incide en las ventajas de las grandes superficies, «tienen sus horarios amplios, gozan de aparcamientos, los recintos están muy bien climatizados, y aquí por contra los aparcamientos están mucho más limitados, cuesta mucho entrar al centro con el coche y la gente joven tiene otros hábitos de compra». Rememora como antes la plaza de abastos se llenaba de gente que acudía de los pueblos de la comarca.

Dinamización

Por contra hay un proyecto que se va afanar en darle más vida a la plaza de abastos, como han comentado varios vendedores, que afectaría a los fruteros, que ahora acaparan el nudo central que está vacío de puestos. Aquí se pretende adecuar una zona de bares y restaurantes y de celebración de eventos, y los puestos del centro pasarían a otras zonas de la plaza, para que así tenga más actividad y se acabe con esa sensación de frialdad y vacío. A principios del año 2027 se quiere plasmar esta idea, de la que el Consistorio y el colectivo de vendedores de la plaza llevan ha ideándola desde hace años.

Loli si que lleva productos de la zona que su marido siembra, pero avisa, «cuando mi marido se jubile dentro de cinco años ya acabaremos de traer, porque nadie ya quiere trabajar en las huertas y esto es una pena que se pierda, porque esto estaba lleno antes de hortelanos de la zona», reseña.

Testimonios de hortelanos relatan como La Isla se convirtió en su tiempo en la huerta de Andújar y su comarca. Allí acudía mucha gente a comprar y se distribuían los productos a través de pequeños almacenes. Incluso, en este enclave llegó a funcionar una cooperativa hortofrutícola, que desapareció por la deuda que generaron lo marchantes que venían de la zona del Levante a adquirir los productos. Este entorno tan bucólico, rozando la brisa del río Guadalquivir va languideciendo. Solo quedan pocas olivas alguna que otra pequeña huerta y pasto, que al menos sirve para sustento de los caballos que poseen algunos vecinos.

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