Miles de romeros veneran a la Virgen de la Cabeza

  • La Eucaristía se ha celebrado poco después de las diez de la mañana en el exterior de la basílica en medio de un fuerte viento pero sin lluvia

El redoble de las campanas y una lluvia de pétalos de rosas han vuelto a recibir a la imagen de la Virgen de la Cabeza en la salida de su basílica, donde esperaban a la reina de Sierra Morena miles de peregrinos que participan en una de las romerías más antiguas del país.

Unos minutos antes, a las diez menos cuarto de la mañana, en el interior del santuario situado en el cerro del Cabezo en pleno parque natural de la Sierra de Andújar (Jaén), ha tenido lugar otro de los actos más emocionantes de la romería, con el traslado de la imagen del camarín a las andas, momento que han estado toda la noche esperando un centenar de anderos.

La imagen iba ataviada con un nuevo manto donado por la hermana mayor de la Cofradía Matriz, Mercedes Fernández, confeccionado sobre terciopelo azul cielo, bordados de madroños, jaras, aceitunas y jazmines, e imágenes de la Santísima Trinidad y Coronación, la aparición de la Virgen al pastor de Colomera y la de un ángel que entrega a la Virgen la Rosa de Oro Pontificia.

La Eucaristía se ha celebrado poco después de las diez de la mañana en el exterior de la basílica en medio de un fuerte viento pero sin lluvia, y ha estado presidida por el obispo de Jaén, Amadeo Rodríguez, que ha invitado a los romeros a ser como el pastor de Colomera "caminantes que testimonian lo que les ha sucedido".

Al término de la misa, las cofradías filiales que han asistido a la romería este año, más de sesenta, han ido tomando posiciones en orden inverso de antigüedad para acompañar a la "Morenita", como popularmente se la conoce, y participar en la procesión, momento más importante de la romería, cuyo origen se remonta al siglo XIII.

Y es que cuenta la tradición, que a unos kilómetros de la zona de la batalla de las Navas de Tolosa (1212) que enfrentó a árabes y cristianos, en agosto de 1227, el pastor de Colomera (Granada), Juan Alonso de Rivas, encontró una imagen en la concavidad de dos peñas, tras oír el sonido incesante de una campana y ver unas extrañas luces en lo alto de un cerro.

La actual talla, del escultor granadino José Navas Parejo (1944), ya que la anterior de estilo bizantino desapareció durante la Guerra Civil, ha recorrido las distintas calzadas del cerro, con dos trinitarios, Antonio, de Friburgo (Suiza) y Sergio, de Alcalá la Real (Jaén), subidos en las andas custodiándola.

Como es tradición estos trinitarios toman los objetos que la gente les lanza para ser pasados por el manto, al igual que los niños que son elevados para ser bendecidos por la Virgen.

Una vez que la imagen regresa a su camarín, comienza la vuelta a casa por el camino viejo y la carretera de numerosos romeros y cofradías que llevan como distintivo de su estancia en el santuario los estadales (pequeñas medallas insertadas en cintas), que serán repartidos entre los que no han acudido a la romería al igual que el "pito" de barro (pequeño instrumento musical popular).

La Cofradía Matriz, cientos de carretas, caballerías y todos los que pernocten en el Santuario, emprenderán el regreso mañana por la mañana después de despedirse de su patrona, haciendo parada obligada para almorzar en el Lugar Nuevo y por la tarde la ciudad de Andújar saldrá a recibir a la Cofradía.

Cervantes, primer cronista de la romería en la que se cree que participó en 1592, describió "el lugar, la peña, la imagen, los milagros, la infinita gente que acude de cerca y lejos, el solemne día que he dicho le hacen famosa en el mundo y célebre en España sobre cuantos lugares las más extendidas memorias recuerdan", en su obra 'Los trabajos de Persiles y Segismunda'.

Más de cuatrocientos años después, esa romería sigue atrayendo a miles de peregrinos y turistas, incluso de fuera de España, como es el caso de Seth, de California, que con 19 años llegó el viernes al cerro, acompañado solo de una mochila, y atraído por un reportaje publicado hace unos días por Nick Madigan en el New York Times, donde cuenta su primer viaje, el año pasado, a la romería de la Virgen de la Cabeza.