Una celebración para «sintonía»

Procesión de la Virgen de la Cabeza./SEBASTIÁN PALOMARES
Procesión de la Virgen de la Cabeza. / SEBASTIÁN PALOMARES

Era ayer el último domingo de abril y la cita tenía un lugar y un nombre

ALFREDO YBARRAANDÚJAR

La primavera confesaba a lo que siempre juega en cuanto a meteorología, dejando que el sol se asomara por entre los visillos del cielo, y, que, por momentos, la lluvia compusiera su partitura, a la par que el viento se ponía circunspecto. O sea que la primavera volvió a ser lo que siempre es en los pagos serranos que se elevan desde las riberas del Jándula, al sur de Madrona, al norte de la campiña andujareña: un caleidoscopio. Era ayer el último domingo de abril y la cita tenía un lugar y un nombre. Cumpliendo una tradición de casi ocho siglos, la imagen de la Virgen de la Cabeza procesionaba por los aledaños del Cerro del Cabezo acompañada de miles de peregrinos que se desbordaban de anhelos a punto de cumplirse, de sentimientos, de devoción y entrega.

Pero antes, esta secular fiesta a la que acuden romeros y cofradías de tantas y tantas partes, iba cumpliendo su guión, en una suma inseparable de matices, concepciones y perspectivas que por su propia esencia conlleva esta fiesta mariana, paradigma de las más grandes romerías. Ya el sábado todo transcurría según lo previsto y la definitiva gran llegada de romeros a los aledaños de la Basílica de la Virgen de la Cabeza, en carretas, caballerías, enganches, a pie y en vehículos a motor, era multitudinaria. Se habla de que después de unos años de sensible bajón de asistencia, ésta ha ido en las últimas ediciones retomando su pulso profuso.

Al acabar la jornada, la reunión de coordinación del operativo, del Plan del Cerro, destacaba que no había novedades significativas, salvo las habituales en concentraciones similares, había hecho el sábado buen tiempo, se subrayaba una buena afluencia de romeros. Se hacía buena valoración de los equipamientos que este año se han ido mejorando.

La presentación de la cofradía de Andújar ponía fin a esos actos de manifestación de cada cofradía certificando su presencia ante la imagen de la Morenita. En orden inverso de antigüedad hasta llegar a Colomera y Andújar. Fue un acto lleno de emotividades donde siempre hay una expresión abigarrada, donde el formulismo se mezcla con los vivas, los cánticos y un protocolo de barroco costumbrismo. Y la convivencia en las casas de cofradías es algo a reseñar por su hospitalidad habitual y esos momentos mágicos que certifican ese blasón único que define lo que esta romería es. Buen ambiente, cordial fraternidad, cánticos, vivas, esa salve de la media noche,...

Y el viento y las precipitaciones que se preveían hicieron que se decidiera que la Misa Pontifical se programara el domingo en el interior del templo, en vez de en el altar exterior ya preparado. Ya dieron cuenta de cómo la primavera juega a la oca con el tiempo todos esos romeros que participaron en el rosario que se celebraba a las 0,30 horas del domingo, alterado su discurrir por el aire y la lluvia, y en la Misa del Pastor ya entrada la madrugada y al amanecer en la misa de los anderos. Y esa estampa indescriptible de filas y filas de romeros que al llegar ante la imagen de la Morenita en su camarín, abrían sus sentimientos de par en par, en tantálicos gestos que ninguna cámara, ni ningún cronista puede inmortalizar.

Anderos en vigilia

Miles de vehículos iban accediendo al Santuario por carretera. Y como siempre, anderos que hermanados, en vigilia, aguardaban el gran momento de llevar sobre sus hombros a la Morenita. A las ocho de la mañana el obispo de la diócesis, junto al alcalde de Andújar, el hermano mayor y el presidente de la Cofradía de Andújar y el rector del santuario, en rueda de prensa, explicaban diferentes subrayados de la intensa jornada que se iba a vivir. El obispo, Amadeo Rodríguez Magro, significaba que la Romería con sus diferentes interlocutores: Cofradía Matriz, todas las cofradías que participan, peñas, Ayuntamiento de Andújar, Obispado, comunidad rectora del Santuario, ha de ser la «romería de la sintonía» algo que recalcó en los futuros pasos y porvenir en torno a la devoción y romería de la Morenita.

Misa Pontifical, traslado hasta las andas con la participación del alcalde, Francisco Huertas, Ramón Pérez, hermano mayor iliturgitano, presidente de la matriz, Manuel Vázquez y hermano mayor de Colomera, Santiago Martínez. Emociones que empiezan a ser muy patentes y vehementes. Romeros que despliegan distintos tipos de romería, mientras saben que todo concurre en un foco que todo lo trasciende. Y se palpa; quien sabe observar las miradas de dentro de unos y otros, lo entiende. La mañana aunque inclemente llevaba un halo refulgente. Presidía la eucaristía, junto a sacerdotes diocesanos y trinitarios, el obispo, acompañado de un amplio cortejo de religiosos, entre los que cabe señalar el provincial de los trinitarios, Pedro Huerta, y el rector de la Basílica, Domingo Conesa, que a lo largo de esta romería ha podido expresar en diferentes momentos lo que han significado 18 años en dos etapas al frente del santuario, ya que esta romería era la última de su actual rectorado (ha sido elegido superior de Madrid).

En el balcón principal de la Basílica, un hermoso tapiz rojo y alegoría mariana realizado por devotos de Andújar y Marmolejo. El manto de la imagen de la Virgen y el mantolín del niño, en terciopelo verde, realizado en los años sesenta del pasado siglo. La saya de la Virgen está realizada sobre raso blanco bordado en oro y enriquecido en el año 2014. Las coronas eran las del centenario de la coronación canónica (2009) realizadas por Manuel Varela con diseño de Pedro Palenciano, basado en las coronas de la coronación de 1909. Los rostrillos de la imagen de la Virgen y el niño eran los de la recoronación canónica de 1960, diseño de Antonio González Orea y realizado por Manuel Aumente. Y la Morenita cumplía su compromiso de siglos.

La Virgen de la Cabeza cumplía su compromiso de siglos, volvía a cumplirse a sí misma en su propia metafísica, rompió los amarres de la realidad para trasladar a los muchos miles de romeros los sones impares de la Gracia.

Vivas

Los vivas se sucedían unos a otros, los trinitarios sobre las andas, Sergio García y Manuel García, procuraban un sinfín de idas y venidas de prendas y niños que buscan tocar, como secularmente es tradición el rostro, el manto de la Morenita. Las andas alzaban la imagen de la Morenita como sagrado hisopo que rocía un agua vivificante. Momentos estelares.

Es la Romería de la Virgen de la Cabeza, la que es única y a la par un mosaico de diferentes perspectivas romeras, porque diferentes son las apreciaciones de los devotos y peregrinos, con su propio caudal de historia y siglos, con identidad tan marcada que exige que se preserve y potencie, junto a una regeneración que busque un futuro concordante con los tiempos.

Y a las 14,40 horas, antes que en otras ocasiones, por motivo de la primavera y su juego climatológico, la imagen regresaba a su templo entre las emociones y repetidos vivas de los romeros. Y la vigilia hasta la próxima primavera comienza a dibujarse en un lienzo de afanes nuevos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos