En carreta, a caballo o a pie hacia la Gloria por la sierra

Caballos y jamugas en su parada obligada en la ermita de San Ginés, donde confluyen jinetes, peregrinos y carretas, para departir con amigos y familiares y rezar una salve, antes de emprender el descenso del Jándula, en el camino hacia el Santuario de Nuestra./J. C. GONZÁLEZ
Caballos y jamugas en su parada obligada en la ermita de San Ginés, donde confluyen jinetes, peregrinos y carretas, para departir con amigos y familiares y rezar una salve, antes de emprender el descenso del Jándula, en el camino hacia el Santuario de Nuestra. / J. C. GONZÁLEZ

El camino del sábado romero a la Basílica del Cabezo se desarrolla con normalidad y fervor mariano en la previa de la procesión de la Virgen de la Cabeza por las faldas del Cerro

JOSÉ CARLOS GONZÁLEZANDÚJAR

Fue un sábado romero pletórico y perfecto, esos de los que anhela un devoto de pies a la cabeza, porque el clima fue idóneo. En ese marco ideal, los romeros vadearon los caminos más intrincados e inescrutables de la sierra, para encontrarse de nueva con la reina de sus corazones y de su alma, la Virgen de la Cabeza, esa talla pequeña y de tez morena, que quita las penas a quien tiene la fortuna de acercarse cada año por estas fechas, y en cualquier época.

La exuberante y colorida vegetación serrana, abrigada por el alfombrado color verde y salpicada por el murmullo de los arroyos rebosantes de agua y de vida, abrigaron ayer el paso fervoroso de carretas , peregrinos, jinetes y amazonas por los más abrupto de enclave natural andujareño, en una pura eclosión primaveral.

Las emociones se iniciaron cuando empezó a despuntar el alba y desperezarse la mañana. El séquito de carretas inició su recorrido con una puntualidad británica de la calle Rey Alhamar, para abandonar una hora más tarde la ciudad por la calle La Palma y la zona de los Belenes, en medio del desenfado y del gozo, y por supuesto del decoro exigido.

Las calles de Andújar se llenaron de esperanza, costumbrismo y de vecinos y visitantes con la previa del clásico paseíllo. Antes se ofició la restituida Misa de Romeros en la ermita de la calle Ollerías y que estuvo concelebrada por el arcipreste de la ciudad, Pedro Montesinos; el diácono permanente, Andrés Borrego y el padre trinitario Manuel Yébenes. Los sones del coro de la Cofradía Matriz de la Virgen de la Cabeza y las palabras de los oficiantes y de los representantes de la Matriz bendijeron el camino que iban a emprender los cofrades y devotos, para que el reencuentro con La Morenita estuviera plagado de respuestas y soluciones a sus súplicas. Las plegarias se lanzaron a la imagen de la Virgen que allí se venera.

Paseíllo por las calles

Acto seguido, se inició el paseíllo por las calles iliturgitanas ante la multitud que se agolpó en las calles. Antonia Limón, presenció todo el espectáculo desde el balcón del colegio de los trinitarios. Esta mujer, ya de 91 años, fue invitada por los sacerdotes trinitarios por la gentileza que tiene este mujer obsequiándoles con unos deliciosos roscos caseros, que ella misma elabora. Esta nonagenaria conserva todas sus facultades «pese a que ayer me costó llegar hasta el centro y atravesar la calle Emperador Adriano, que es donde vive y que en la actualidad se encuentra en obras», explicó Antonia. Ella ha vivido muchas romerías y rememora como las vivía con su familia en su finca ubicada a 24 kilómetros del Santuario «aquellas romerías no tienen comparación con las actuales, porque antes era todo más sencillo».

Antonia es natural de Fuencaliente y relata como en su pueblo natal siempre ha existido mucha devoción a la Virgen de la Cabeza «sus vecinos venían andando al Santuario y en caballerías desde mi pueblo y dormían por las noches en los aparejos, como podían», describió. Este camino lo han rescatado para las nuevas generaciones los dos últimos pregoneros de la Virgen de la Cabeza, Antonio Pérez y José León. Por otra parte Antonia, suele contar con la presencia de sus cincos hijos varones por Romería (enviudó hace ya 50 años), aunque este año, por compromisos y contingencias no han podido estar todos.

Antonia y las miles de personas que se congregaron ayer en las calles volvieron a deleitarse con el paso ceremonioso y fervoroso de la comitiva de la Real e Ilustre Cofradía Matriz, formada por ese elenco galante de jinetes y amazonas, de cetros y las cerca de la treintena se jamugas, cuyo desfile lo cerraba el incensante grito de 'vivas' de la 'hermana mayora' (con este término se le conoce así a la esposa del hermano mayor), Dulce Palenciano.

Fue un paseíllo apoteósico, donde los caballos volvieron a deslumbrar y en el que se volvió a testificar el enorme arraigo que posee el sector equino con la Romería y en donde establece una especial confabulación con los pagos serranos. «La subida a caballos es diferente, porque lo vives con la misma emoción del primero, lo que ocurre que la experiencia es siempre mayor», definió esta experiencia Miguel Ángel Ruano, uno de los precursores de la peña ecuestre Los Romeros Virgen de la Cabeza el Madroño. «El camino a caballo hacia el Santuario es para vivirlo porque tenemos una de las mejores sierras del mundo y el que vive la romería vive el campo como si fuera suyo», acotó. Lleva 50 años realizando este camino con su équido.

Su peña, señera en el estamento romero iliturgitano, permitió a mediados de la década de 1970, que la gente humilde pudiera subir a caballo algo que era exclusivo por aquel entonces para la gente acaudalada. Alfonso Villa lleva 10 años remontando las veredas serranas hacia al Santuario a lomos de su jumento «existe mucho compañerismo y solidaridad entre todos y se comparte lo que uno tiene», declaró. Villa agregó que la sierra «tan preciosa que tenemos ayuda mucho». Alfonso sabe lo que es recorrer caminos ignotos, porque ha sido uno de los expedicionarios que ha integrado el camino por vías pecuarias que une Andújar con la aldea del Rocío. El paseíllo dejó momentos entrañables como los saludos reverenciales a los mayores de la residencia San Juan de Dios y al cuadro de la Virgen de la calle Calancha. Antes de adentrarse el cortejo por la serranía. Durante su trayecto, muestra la verdadera y honda pureza que posee la devoción a la Virgen de la Cabeza.

Universalidad

Los peregrinos dan fe de la universalidad que atesora esta advocación mariana. Personas de cualquier parte de España y del planeta se pueden encontrar por esos caminos. Gentes de la zona son encargadas de propagar los encantos de la devoción. La madrileña Enriqueta González confesó que esta es su primera romería. Se mostró muy encantada «esto es una pasada, se vive todo de una manera muy intensa con una naturaleza maravillosa, las carretas y los caballos le dan una enorme vistosidad». Hugo, un argentino aseveró: «De Madrid a Andújar pasando por el cielo». Califica la procesión de conmovedora. Lleva ya varios años viniendo y precisó que conoció esta Romería por amigos. La madrileña Filo lleva 29 años disfrutando de la Romería «desde que le pasamos el manto de la Virgen a mi hija llevo viniendo».

Su cuñado es natural de Andújar y es el que ha arrastrado a familiares y amigos a vivir la Romería. Ellos son transmisores de lo que se vive en estos días tan emocionantes. No ocultan su júbilo y su fe, como la que expresaron las 66 cofradías que se presentaron en el Santuario.

El camino dejó el tradicional rezo de la Salve en San Ginés, la comida de confraternización en el Puente de Lugar Nuevo (este año ha acudido mucha más gente que el año pasado). Así lo atestiguan los 2.464 vehículos (el año pasado apenas se llegaron al millar por el mal tiempo). Un total de 7. 135 personas subieron en los coches, a los que se sumaron 680 caballistas y 317 peregrinos, según los datos de Lugar Nuevo hasta las siete de la tarde. San Ginés y Lugar Nuevo son los lugares propicios para dar cuenta de las viandas. Ya entrada la noche se reprodujo esa presentación catárquica y pasional de la Cofradía Matriz, que preludió el estallido y furor romero de hoy.

Y ayer, como se informó desde el dispositivo del Plan del Cerro, no se produjeron incidentes significativos, salvo el traslado de una mujer al hospital Alto Guadalquivir por un desvanecimiento. Las comitivas transitaron con normalidad y con algo de retraso, como se apuntó desde el dispositivo, cuyos integrantes están atrapados por los encantos de la Romería.

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