Llegó el otoño de los alientos

ALFREDO YBARRAANDÚJAR

Ahora, sí, la ciudad se viste de otoño, igual que nuestra vida. Y ya se necesitaba, se necesitaba esa luz apaciguada, esa brisa fresca, el sueño cabal y los atardeceres que llaman al paseo, o mejor a vagar, por las calles que se vuelven locuaces. Ya parece que Andújar inspira y expande sus pulmones. Algo que precisaba con cierta urgencia entre tanto motor recalentado. Este es un tiempo propicio para observar, para contemplar desde todos los oteros de la ciudad, desde el pálpito ciudadano, las nuevas perspectivas, los espacios y los océanos, a los que Andújar puede y debe aspirar. Es momento para leer en el lienzo que este tiempo despliega. Antes, las personas se vivificaban y se reconocían individual y colectivamente en los ciclos de la vida, en cada uno de los cofres de las estaciones del año. Hoy, sin embargo, los turnos de los días, son vividos de otro modo más distante, de espaldas a su tacto, a su resuello, a su susurro. No somos capaces de atender tantos destellos en los símbolos del discurrir de los días, ese prodigio, ante el que antes decíamos: “ha paso un ángel” porque en ese aparente soplo callado iba un pellizco en el sentimiento. Cuando en estos días tomamos unas castañas asadas, uno de los potajes locales con los productos de temporada, unas gachas, estamos uniéndonos a esa raíz profunda que nos une al corazón de la tierra. Un tiempo excepcional para conocer la ciudad mejor, que saliendo de nuestras rutinas y de lo manido, no tratamos esos rincones maravillosos que sin estridencias conformaron el genuino y franco pueblo, esas altozanillos, las callejas que aún quedan con sabor a natural fisonomía. Y si hablamos de dialogar con la ciudad, eso es ya pedir peras al olmo. No sabemos substraernos de nuestros ajetreos y de tantos banales trajines, para en un ejercicio casi, casi, meditativo, dialogar con Andújar de un modo íntimo. Ahora es el mejor momento. Parece que es algo esnob o un recurso afectado para adobar esta columna. Pero de verdad, pónganse en actitud de abstracción y desde el fondo de su ser procuren hablar con la Andújar sempiterna. Les va a responder si el compromiso es veraz, y la respuesta: turbadora. Al margen de palacios e iglesias, de nobles hitos ciudadanos, que es importante conocer, descubrir ese alero, aquel zaguán, aquel tapial, una superviviente aldaba de pretéritas laboriosidades, esa revuelta en tal calle, la perspectiva desde la azotea, el horizonte urbano visto desde cualquier vértice de las afueras,…, ese urbanismo que a cada uno se nos desvela de un modo muy concreto; su balbuceo nos alentará el espíritu, ese espíritu de la andujanía. Bueno, y en ese discurrir callejero sí les pediría que se acercaran a la Casa de Cultura, en la plaza de Santa María, que aunque es un lugar bastante conocido tiene un nuevo aspecto en su fachada. Creo, incluso, que existe la idea por parte del Ayuntamiento, de inaugurar esa remodelación esta próxima semana. Me refiero a una intervención por parte del escultor iliturgitano Manuel López con unas cartelas en relieve escultórico en relación unas a la cultura y las artes, otras, a referentes iliturgitanos como la Virgen de la Cabeza. En el balcón principal se ha hecho una intervención en forja escultórica en la que el escultor ha colaborado con el maestro y artista herrero, el arjonillero Fernando Bejarano. La reja es alusiva a Cervantes y su relación con Andújar. Precisamente en anteriores columnas les hablaba de que Andújar necesita patentizar mejor, y cuidar con más esmero, esos referentes que tiene como es el caso de Cervantes y otros muchos ilustres personajes que de un modo u otro dan empaque y grandeza al corazón de Andújar. Es otoño y un color que en él predomina en el terreno es el dorado y los rojizos. El bruñido y también el fuego que Andújar necesita para desde un calmo otoño reducir sus temores y alentar sus sueños.

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