Proponernos leer

Hemos acabado un año donde la industria cultural ha mejorado en cierto sentido, aunque el Estado congelara las partidas y repitiera los presupuestos destinados al ámbito cultural

Proponernos leer
ALFREDO YBARRAANDÚJAR

Comenzamos el año. Se escriben en estos días muchos balances literarios del año que se acaba, también se ponen en el foco autores y obras que van a estar arriba del tablero en 2018. Hemos acabado un año donde la industria cultural ha mejorado en cierto sentido, aunque el Estado congelara las partidas y repitiera los presupuestos destinados al ámbito cultural. Y lo fundamental, es que este Estado desdeña la cultura y no la considera como algo fundamental para la sociedad. Así la edición, como industria, se ha resentido bastante. Esto ha fortalecido un auge de editores independientes, que conlleva un campo diferente, que podemos comparar con esas condiciones laborales que hoy se están fomentando, más precarias, más inestables. No sé si la situación seguirá con tantos gobernantes con anteojeras, o si sucederá ese shock necesario para comenzar a bracear, y entender que una sociedad con más apego a la cultura sería más competente y capacitada, más feliz (que la que no lee, que la que no accede a una cultura de calidad). En cuanto a la lectura, nos ayuda a afrontar mejor la existencia. “Los lectores están más contentos y satisfechos que los no lectores, en general son menos agresivos y más optimistas”. Lo dice un estudio a través de cientos de entrevistas de la Universidad de Roma III a partir de entrevistas. El trabajo que apareció hace ya hace meses, aplicaba baremos como el que mide la felicidad, de Veenhoven, e índices como el Diener para reconocer el grado de satisfacción con la vida. Al mismo tiempo que muchos hacemos el propósito de leer más en el nuevo año (aunque esto, eso de que hay todavía un buen número de personas en el empeño, es, creo, un desiderátum), aparecen por estas fechas en medios de comunicación y redes sociales, recomendaciones de lo más variado y extensión para ello; algunas bastante juiciosas. Si son de los que aún sienten alguna inquietud ante el deseo y el hecho de leer, sólo tienen que echar manos a esos índices. Aunque aquí tenemos que diferenciar entre una literatura, reputada y solvente de algún modo, y libros-“hamburguesa”, o “donuts”, que se fomentan mucho actualmente a través de una publicidad abigarrada, y que podrán estar en las listas de los más vendidos y se regalarán como rosquillas en fechas señaladas, pero que salvando un valor primario, ese “algo es algo”, devalúan el rasero y confunden al personal. Pasa como en los programas de televisión. ¿Son los programas bobos y frívolos los mejores porque son los más vistos ya que es lo que se le da a los espectadores a machamartillo, arropados por una buena producción y con importantes presupuestos, medios y guiños televisivos, y los mejores horarios? ¿Y si buenos programas (hay ejemplos), más inteligentes y enriquecedores de verdad, tuvieran una dinámica más eficaz y esos presupuestos, horarios, y recursos televisivos que se les dan a los otros? La respuesta es clara y manda lo cómodo, lo baladí y lo fácil. Y así la sociedad sigue cada vez más aborregada. La ciencia hoy tiene recursos para apoyar lo que la razón, el sentido común, y la experiencia ya tenían demostrado. Hay estudios como el de la la Universidad de Emory, que señala que la lectura reduce el estrés y aumenta la inteligencia emocional, el desarrollo psicosocial, el autoconocimiento y la empatía. Además, algunos especialistas anotan que en muchas circunstancias puede modificar comportamientos y mejorar la capacidad para comprender las señales que envían otras personas. Dice Nuccio Ordine, autor del manifiesto “La utilidad de lo inútil”, que “nutrir el espíritu puede ser tan importante como alimentar el cuerpo” y que necesitamos, mucho más de lo que creemos, esas experiencias y conocimientos que no se traducen en beneficios materiales y económicos. La propia psicología explica que nos cuesta bastante ponernos en la piel del otro para entender algo, pero sin embargo nos metemos de lleno en los zapatos del personaje de una novela, y así apreciar su perspectiva. Una novela escrita, no hecha película o serie de televisión, y que nos deja un amplio campo de razonamiento para crear nuestras reflexiones y esas imágenes mentales que las enmarcan. Así la literatura nos ayuda a enriquecer nuestra vida interior y a entender mejor nuestra experiencia social. Así que sigo para este año que comienza haciendo mejores propósitos para leer más y mejor.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos