Amor y silencio en el barrio de San Bartolomé

Amor y silencio en el barrio de San Bartolomé
  • Las 35 hermanas costaleras dejaban patente, después de la revitalización de esta cofradía en los inicios del S.XXI, su fortaleza y su buen hacer

Fue un Viernes Santo de los más calurosos que se recuerdan en la ciudad de Andújar, al que se sumó el calor de los corazones encendidos, desde primeras horas de la mañana, cuando el Señor de los Señores hacia su salida a la Plaza de España, ayudado a transportar su cruz por Simón de Cirene. Las 35 hermanas costaleras dejaban patente, después de la revitalización de esta cofradía en los inicios del S.XXI, su fortaleza y su buen hacer. La seriedad impuesta por el cuerpo de caballeros y el de mantillas, se mantendría, a lo largo de toda la jornada, en los diferentes desfiles procesionales.

Poco a poco, las calles iliturgitanas se fueron llenando de una multitud que, como es tradición, abarrotó la salida de la talla más antigua de esta ciudad, de principios del S.XVIII, Nuestra Señora de las Angustias, que los ancianos de la residencia de San Juan de Dios, donde tiene su sede canónica, saludaron, ya en la calle, con lagrimas en los ojos. En la capilla frontal de su paso barroco, la reliquia del Santo Lignum Crucis. El dolor de la Madre, al pie de la Cruz con Cristo Yacente depositado en su regazo, se traslado hasta convertirse en Amargura, en el barrio de San Bartolomé, donde un año más la cofradía de los Estudiantes tiñó la corredera con el rojo de sus túnicas y el negro de sus capas u caperuz; el rojo por su dolorosa y el negro por un Cristo encarnecido y muerto en la cruz. Mientras aún resonaban los sones de los “Amigos de la Música” de Mancha Real, tras el palio, el silencio se hizo en los alrededores del templo para que el bronco tambor de la Venerable Hermandad del Santo Sepulcro se abriera paso entre la multitud que abarrotaba la salida. El silencio y la austeridad de esta hermandad no se rompe en toda su estación de penitencia, haciéndose aún más patente e impresionante cuando el Yacente que tallara Palma Burgos se adentra por los entresijos de las calles del casco histórico, sin la luminaria de escaparates, regresando a su templo, después de la carrera oficial, sin atravesar las bulliciosas calles céntricas.

María Santísima de la Victoria en la Soledad, la más antigua de Andalucía en esta advocación, seguía al Yacente, prácticamente en todo su recorrido, con un corazón traspasado de dolor por siete puñales, bajo una cruz coronada por espino y portando un sudario. Ya en la madrugada, hacía su entrada por la capilla de salida, en la puerta norte del templo de San Bartolomé, y con su regreso, se ponía broche de oro al Viernes Santo iliturgitano.

Hoy domingo, a primeras horas de la mañana, la imagen del Resucitado que se incorporó a la Semana Santa de Andújar en la primera década de este siglo, con su largo recorrido, llenará de luz y color nuestras calles y plazas.