Buen Remedio, Esperanza y Gran Poder, provocan un estallido de fervor cofrade en el Jueves Santo andujareño

Buen Remedio, Esperanza y Gran Poder, provocan un estallido de fervor cofrade en el Jueves Santo andujareño

La primera hora de la tarde del Jueves Santo ya empezó a ser funesta para Jesucristo en Andújar. Fue objeto de un despiadado e impío juicio por la zona del Antiguo Hospital, aunque su rostro delató serenidad y quietud, porque empezó a encarar la recta final encomendada por mandato divino y celestial. Esa es la sensación y rictus que transmitió Nuestro Padre Jesús de la Sentencia.

La Estación de Penitencia de la Hermandad del Buen Remedio (así se conoce a esta cofradía que engloba a este Virgen a Nuestro Padre Jesús de la Sentencia) destiló una mezcla de andujanía y sevillanía y un lado de éxtasis y pasión que también singularizan a la Semana de Pasión andujareña. Y es una Hermandad que marcó el inicio de su resurgir en los albores de 1980 y que se ha empeñado en incrementar su patrimonio porque a medio plazo su paso quiere recrear toda la estampa del juicio sumarísimo al que se sometió a Jesucristo.

Ayer estrenó en su recorrido procesional el tallado de los candelabros, así como las ‘maniguetas’ de esquina y el llamador del Paso de Misterio. La Banda de Cornetas y tambores de Nuestra Señora de las Angustias, de Porcuna, y la banda de música Sociedad Filarmónica, de Jaén, acompañaron a las imágenes en un desfilar vibrante y cautivador por las calles andujareños que desprendían ayer aromas de azahar primaveral. El paso de Nuestro Jesús de la Sentencia, portó un crespón negro en memoria del que fuera su prioste, Vicente Cantón, por lo que hubo honores para esas personas que, en su vida terrenal, contribuyeron al engrandecimiento de la Semana Santa y de esta Hermandad que va camino de cumplir los 35 años.

Jesús del Gran Poder

El Gran Poder, ya con su añadido de María Santísima del Socorro, también se suma al halo de furor que se le insufla a la Semana Santa andujareña con su talla que conmueve y sobrecoge las almas y resquebraja y agrieta los enhiestos muros de la iglesia de San Miguel y de su silente casco antiguo.

Este Jesús Nazareno caminó con un sufrimiento imperial; si el de esta mañana de Viernes Santo, el Señor de los Señores, transmite señorío, y el Nazareno de la Vera-Cruz, nobleza, el Gran Poder iliturgitano volvió a mostrar su dolor pasionista, del quien sabe que la Cruz y el sufrimiento que le asola está cargado de redención. El insigne capataz, Rafael Mondéjar (un emblema en la provincia) y la Agrupación Musical Pasión, de Linares, le dieron boato a una marcha que deja anodada a la multitud.

Y Jesús ya no pudo con tanta afrenta y escarnio en ese Gólgota que le supuso Santa María y doblegó. Nuestro Padre Jesús Caído también representó un importante episodio de la Semana Santa andujareña y una evolución en su paso que cada año sorprende por sus incorporaciones. Ayer se pudo ver una nueva fase de la ejecución del paso, portado por una cuadrilla de 40 costaleras. La Virgen de la Esperanza aportó luz en este tenebroso momento y una brizna de amor desmedido de una madre que sirve de consuelo en las tinieblas. Ambos pasos transitaron por calles inéditas anoche como Caldereros, Ibáñez Marín, y Doctor Montoro, con la idea de ensanchar un recorrido, donde no faltó el sentido homenaje a los mayores de la residencia de San Juan de Dios y las notas musicales de Antonio Pareja.

La Esperanza cerró con ceremoniosidad un Jueves Santo andujareño plagado de vibración y fervor desmedidos. Sus costaleros la transportaron con ese esfuerzo inusitado que conlleva el gesto de esta Madre dulcificadora.