Manuel Andrés Barea evoca con lirismo momentos pasados y presentes de la Semana Santa en su emotivo pregón

Manuel Andrés Barea evoca con lirismo momentos pasados y presentes de la Semana Santa en su emotivo pregón
  • En el escenario del salón de actos de las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia (SAFA), engalanado con estandartes y bacalás de las hermandades y cofradías iliturgitanas, Manuel Andrés Barea Collado pronunció el pregón de la Semana Santa de la ciudad de Andújar.

Asistieron el alcalde de la ciudad Jesús Estrella y miembros de la Corporación Municipal, representantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad; el arcipreste, Pedro Montesinos; el delegado episcopal de cofradías, Juan Francisco Ortiz así como el presidente de la misma, Rafael Trigueros junto con cofrades de hermandades de pasión y gloria.

Salvador Paulano, hermano mayor de la cofradía de San Eufrasio, hizo la introducción al acto con textos como homenaje al V Centenario de Santa Teresa de Jesús. Enrique Gómez, pregonero el pasado año, presentó al profesor Barea Collado calificándolo de "cofrade de pura cepa".

Barea Collado comenzó con una invocación a Nuestro Padre Jesús de la Paciencia, cofradía a la cual pertenece desde niño y tuvo un recuerdo especial a su padre y su abuelo, hermanos mayores de ésta. Después de agradecer las palabras del presentador, se presentó como un nazareno y alguien que ha intentando colaborar con su hermandad en aquello que se le ha demandado, en especial en el terreno de la priostía.

El pregonero quiso resaltar, ante todo, que esta festividad es motivo de alegría, por dos motivos muy claros. El primero, porque el culmen de la Semana Santa es la Resurrección de Jesús. El segundo, está en consonancia con la invocación del papa Francisco para que vivamos los cristianos nuestra fe transmitiendo alegría a los demás en todos nuestros actos.

Repasó los días que conforman nuestra Semana Mayor desde la perspectiva de diversos personajes que han cruzado la mente del pregonero en este tiempo de vísperas, en especial, dos jóvenes de la ciudad a los que vimos tanto presenciando los desfiles procesionales como participando activamente en ellos. Así, presentó a niños hebreos el Domingo de Ramos, a un viejo cofrade que recuerda las Semanas Santas de aquellos tiempos difíciles para las cofradías que supusieron los años sesenta y setenta del pasado siglo, a gentes muy devotas de sus advocaciones preferidas, a una joven costalera pero también a un costalero que debe dejar su lugar bajo las trabajaderas por imperativo de la edad, al nazareno que acompaña a su titular en silencio y recogimiento, el músico o el capillita. Mientras guiaba Barea por esos días, tocaba el mundo de los sentimientos personales en estas fechas tales como la fe inquebrantable del cristiano en estos tiempos difíciles, el recuerdo de aquellos cofrades que ya no están entre nosotros, las viejas devociones perdidas de Andújar, la caridad ejercida por las cofradías o el papel de la mujer en Semana Santa.

El pregón estuvo salpicado de momentos líricos que intentaban resumir lo esencial de cada uno de esos días, y terminó con un sueño cofrade donde, en una procesión imaginaria, se daban cita cofrades, artistas y artesanos tanto del pasado como del presente de la ciudad.