Coordinación

Coordinación
  • Corren tiempos difíciles, donde las necesidades son muchas y ya hablar de pobreza no es una utopía. Como afirma desde Cáritas interparroquial, al día de hoy la pobreza tiene un perfil diferente al de hace tan sólo un lustro. Si por aquellos años eran emigrantes, sin papeles, hoy por desgracia son personas de la denominada clase media, que con todos o casi todos los miembros de la familia en paro, no sólo no pueden llegar a fin de mes,sino que a lo largo de todo él le falta para las necesidades más básicas. Pero también existen y han aumentado en número los indigentes, unos llamados transeúntes que hoy aquí y mañana en la ciudad más próxima, continúan su peregrinar con su pobreza a cuestas.

Ante esta situación, triste pero real, es verdad que son también muchas las organizaciones que se ocupan y preocupan por ayudar a unos y a otros. Pero también es cierto que, no siempre esa ayuda es lo efectiva que debiera. En opinión de afectados y no afectados falta coordinación entre todas estas organizaciones, que con mucha voluntad, pero también con mucha falta de personal voluntario y a veces con no la suficiente falta de formación no consiguen, al menos de forma plena, el objetivo previsto.

Así no se termina de entender que existan varios bancos de alimentos a nivel local, o que se abastezca de ropa aquí y allá u tras acciones de estas características. No se trata de que las diferentes instituciones y organizaciones pierdan su identidad a favor de la otra, sino que con sus propios idearios, en conjunción con las demás sean capaces de actuar de forma coordinada, evitando duplicidades por un lado y por otro no poder alcanzar todo cuanto se debería y podría. Son muchos los miles de euros, aunque no lo parezca, los que se invierten en estas políticas de acción social, ya sea desde las instituciones públicas, de la Iglesia, o civiles, que sin embargo no terminan de ser efectivas y se sigue dando la bolsa tradicional.

Ha llegado la hora de que si el perfil de la pobreza, por las circunstancias económicas que atraviesa el mundo, Europa, España y Andújar en particular han cambiado, habrá que cambiar también las formas de administrar las ayudas. No podemos continuar con sistemas de hace un siglo. Los bancos de alimentos y los roperos, como los albergues o casas de acogida deben ser medios, no un fin. Hay que ir no a dar el pescado, sino la caña y enseñar a pescar.