Hoy es Domingo de Ramos

OPINIÓN

ALFREDO YBARRA ANDÚJAR

Como dicen los textos más reputados de la ortodoxia palafrenera del barroco y sacrosanto pormenor que rodea la devoción popular en torno a la Semana Santa: “ya el el incienso expande su orografía espiritual por todos los rincones de la ciudad”. Han pasado días de presentación de carteles, de pregones, de cultos, de ensayos costaleros, de preparación de los enseres, y pasos. Las imágenes titulares de las diferentes cofradías, esas representaciones hisopadas en la veneración hierática, lucen en su mejor atavío a la espera de su procesionar. Ahora es momento de esa original catequesis que representa los episodios bíblicos y cuenta con un gran despliegue de lenguajes y símbolos, la pasión, muerte y resurrección de de Jesucristo. Es tiempo para la liturgia, para el culto, para las grandes parábolas, y la glorificación ceremonial.

Es curioso como la fecha de celebración de la semana pasional varía. Desde el siglo cuarto la Iglesia estaba buscando su definitiva ubicación, sin conseguirlo. Finalmente, Dionisio el Exiguo (en el año 525), desde la Iglesia de Roma convenció de las bondades del cálculo que hacía la Iglesia Alejandrina, unificándose al fin el cálculo de la pascua cristiana. La Pascua de Resurrección es el domingo inmediatamente posterior a la primera luna llena tras el equinoccio de marzo y se debe calcular empleando la luna llena astronómica. Por ello puede ocurrir no antes del 22 de marzo, y el 25 de abril como muy tardía.

Llegan unos días donde se cosen a la perfección la piedad popular y la religiosidad llamada oficial, y donde cabe mucho de la esencia anímica del pueblo. Son jornadas para el arte en diferentes vertientes, las emociones, la pasión humana y espiritual, la revelación ancestral de los anhelos más profundos del hombre, de los afanes colectivos, la argamasa religiosa y más allá: la espiritual, la fe, la eclosión estética, la exaltación de los sentidos, la tradición, lo festivo, la pertenencia a este o ese grupo que nos identifique, que nos revista de esa contraseña que nos de potestad en esos círculos diferenciales (los hay de distinto estrato,: costaleros, juntas de gobierno, bandas de música, priostes, vestidores, mantillas,…,y un largo etcétera), con sus singularidades hechas uniformes que cubran muchas de nuestras necesidades y apetencias. Ha llegado esa semana extraordinaria para hacer vívida la regeneración de la primavera. En la Semana Santa se concentra todo el meollo de la tradición cristiana en sus diferentes celebraciones y cultos, y, hoy ya se ha convertido en uno de los reclamos turísticos más importantes del año. En los últimos años en cuanto a piedad popular, procesional, está ganando en espectacularidad y esplendor. Aunque ha perdido mucho de su sabor propio, de su sentido local, de su carácter tradicional, donde se singularizaban ciertos detalles y acentos propios que le daban ese sabor completamente único y excepcional. Hoy desde hace años es otra la cuestión y el mundo de las cofradías, en general, ha tomado otro rumbo, sacrificando enseres antiguos, y características muy propias de la hermandad en concreto para ganar en esa barroca ampulosidad que ahora se lleva. La forma en los actos y cultos, los carteles, los pregones, las imágenes que se van añadiendo al acervo de las corporaciones pasionales, los gallardetes y símbolos característicos de las hermandades, la música, los arreglos de los pasos, hasta se intenta que las restauraciones de la imágenes, los mil detalles que conforman el contexto global de las cofradías, se mimetizan, se asemejan unos a otros, todos están cortados por el mismo patrón en una pugna de quién es más grande. Al mismo tiempo en todas partes ocurre que en general las tradiciones se pierden a favor de un general modelo. Así muchas cuestiones propias del lugar, en lo gastronómico, en diferentes usanzas, distintos hábitos que en Semana Santa eran características de la localidad, prácticamente se han perdido. Por ahí van los tiempos y cada día más, en todo, hay pautas que se imponen en detrimento de lo grande que puede ser la diversidad y las peculiaridades que abren horizontes y perspectivas. No se trata de a ver quién pone mejor un menú, fijo, determinado, sino de poner sobre la mesa una amplia variedad de platos, y con sus matices. Pero ante todo, hoy es Domingo de Ramos y toca inaugurar mirada y estrenar un espíritu abierto a la regeneración.

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