La profusa simbología con hondos mensajes cristianos y la sobriedad de la procesión sobrecogen a su paso

La Cofradía de la Santa Vera +Cruz de Andújar se acuerda del pequeño Gabriel

Jesús Nazareno inició su doloroso y esforzado transitar, mientras que una de las pequeñas tallas de uno de los Evangelistas porta un pez en recuerdo a Gabriel. /J. C. GONZÁLEZ
Jesús Nazareno inició su doloroso y esforzado transitar, mientras que una de las pequeñas tallas de uno de los Evangelistas porta un pez en recuerdo a Gabriel. / J. C. GONZÁLEZ
SEMANA SANTA 2018

Uno de los evangelistas de Nuestro Padre Jesús Nazareno portó la figura de un pez

JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ ANDÚJAR CORRESPONSAL

Cuando la Semana de Pasión iliturgitana se aprestaba a vivir en la tarde del Domingo de Ramos uno de sus momentos más lúgubres y sobrios, el cielo se tornó azul y color esperanza(aunque unas nubes descargaron instantes agua que retrasó la salida y acortó el recorrido, tras la reunión del Cabildo de Aguas) y permitió que del dintel de la Puerta de la Encarnación de la parroquia de San Bartolomé salieran los pasos de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores y San Juan Evangelista, integradas en la Cofradía de la Santa Vera-Cruz, que está adornada por una serie de peculiaridades que subrayaron su recogimiento porque es de las más antiguas de Andalucía (se fundó en el año 1427 por bula papal otorgada por Martín V y es la única de la ciudad que posee el título de Pontificia. Su profusa simbología y estandartes preñados de un hondo y profundo sentimiento cristiano atestiguan que se trata de una cofradía singular.

Una cofrade tañiendo la campana anunció el Padre de Jesús Nazareno, que con un rictus que expresa en su rostro falta de aire con un transitar cansino. María Santísima de los Dolores se dirigió en su paso a San Juan Evangelista quien con la mira serana y amargo le musitó su dolor y profunda tristeza.

La banda de música Maestro Flores de Marmolejo acompañó a este paso y Jesús Nazareno transitó en silencio, aferrado a la cruz con la que cargó la incomprensión y el dolor, como signo inequívoco de un amor inagotable. Uno de los evangelistas del ‘nazareno’ llevó la figura de un pez en recuerdo al pequeño Gabriel ese ‘pececito’ que nada en aguas celestiales.

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