La enorme implantación de la cerámica

Las alcarrazas de Andújar

Elementos típicos de la cerámica de Andújar. / Ideal
OPINIÓN

Andújar tiene encefalograma plano a la hora valorar, conservar y defender, su patrimonio, material e inmaterial

ALFREDO YBARRA ANDÚJAR ENSAYISTA

Me llama un viejo conocido, profesor en Madrid. Es un apasionado de la artesanía y un enamorado de la cerámica tradicional y hace algunos años ya recaló en Andújar, donde entablamos amistad, para conocer de cerca su alfarería, afamada durante siglos. Ahora está trabajando sobre la huella árabe en nuestra cerámica y me consulta sobre algunas piezas que le faltan, por mil circunstancias. Y es que quiere venir pronto para sobre el terreno concretar su trabajo. Ya de camino me pregunta sobre cómo anda de salud la cerámica en la ciudad. El agrado de la conversación, siempre cordial, y lúcida y tan competente, por su parte, de pronto se topa con ese abismo, ya ni siquiera limbo, donde se encuentra la artesanía tradicional de Andújar y concretamente la alfarería. Como anécdota también quiere un botijo, una simple alcarraza, para que se lo envíe mientras aborda el viaje, porque recuerda uno que tuvo y dice que el agua del frigorífico es una descarrío teniendo un buen botijo de arcilla porosa que deja el agua en su punto de frescura. Le digo, que hasta eso no es fácil hoy ya en la ciudad, pero que sí, que le tomo el encargo.

Soy nostálgico en la justa medida y no soy de los que categóricamente dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero eso no quita que vuelva a insistir en ese talante local tal contundente en su pusilanimidad, en su poca defensa de ciertos valores identitarios. Andújar tiene encefalograma plano a la hora valorar, conservar y defender, su patrimonio, material e inmaterial. Y no veo ningún atisbo de que se desperece. La alfarería tradicional desde un modo activo, está prácticamente invisible en la ciudad, en su imagen, en su desarrollo, y en su alma. Siguen algunos artesanos trabajando en la periferia, pero el movimiento es muy poco, y sobre todo ese poco se acentúa si hablamos de las piezas consideradas más populares. Mientras, en otros lugares hay visibles “escaparates” de su tradición, que se inyecta más o menos, en el corazón ciudadano y como elemento que simboliza el lugar, como un marchamo. En Andújar ha caído de tal modo, que ahora es muy complicado dar oxígeno a la cerámica tradicional, situarla, como vanguardia, como producto indispensable de la singularidad de la ciudad tanto para los nativos como para los visitantes. Y ya no digamos el reconducirla paralelamente en la construcción (Talavera de la Reina es un ejemplo), y con otras industrias (mueble, accesorio de baños, decoración,….). Ahora hasta un artesano de nuevo cuño últimamente se ha instalado en el centro, pero lo va a tener complicado tal como se vislumbran las cosas. Nos conformamos con la muestra expositiva que hay en el Palacio de los Niños de Don Gome, con alguna jornada que aisladamente se programó, pero es pura sombra de lo que se podía haber hecho. Y no podemos sólo culpar a las administraciones, ni a las instituciones. Porque también los propios artesanos se han dejado llevar, y la sociedad local, ha dado una vez más muestras de lo que le importa su herencia de siglos. Es la sociedad la que se ha metido en un bucle de desencuentro consigo misma que es bastante peligroso. Porque sin reconocerse una sociedad lo tiene muy difícil para avanzar. Así, que la conversación con mi amigo, no ha sido fácil, a la hora de evaluar el estado actual de la cerámica local y su contexto. Desde la ‘terra sigillata’ de Los Villares, desde esos ceramistas locales que intervinieron en la construcción de la Alhambra, pasando por la gran importancia de la alfarería local desde los siglos XVI a prácticamente el XX, la cerámica ha estado siempre presente en la historia y en el corazón de Andújar. Qué gran proyecto que fue aquella industrialización de la artesanía alfarera con el llamado “Barrero”, la empresa Cerámica Iliturgi, que fue un gran núcleo de empleo, y de prestigio en mercados internacionales de la alfarería local. Y junto a los afamados jabones, el aceite, el comercio, la miel y la cera, la cerámica no ha sido la panacea, pero ha sido un atributo de gran excelencia del nombre Andújar. Seguiremos otro día. Ahora voy a buscar el botijo para mi amigo. Que como decía Ponz a fines del siglo XVIII en sus crónicas: “Hay muchas tiendas donde se venden alcarrazas de barro que se llevan a Madrid en abundancia y a otras mil partes. No las hay mejores para mantener el agua fresca en el verano. Son porosas y delgadas de una óptima greda blanca peculiar en estas cercanías. En fin, las alcarrazas de Andújar tienen fama en todas partes y, con ser mercancía tan delicada, las llevan o vienen a buscar desde muchas leguas.”

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