Actos vandálicos deterioran la parte externa de la iglesia de Santiago Apóstol de la Lagunilla

Parte de la estructura desprendida de una sus naves laterales. /J. C. GONZÁLEZ
Parte de la estructura desprendida de una sus naves laterales. / J. C. GONZÁLEZ
PATRIMONIO ECLESIAL

Esta parroquia se construyó en el año 1958

JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ ANDÚJAR CORRESPONSAL

La parroquia de Santiago Apóstol, incrustada en la barriada de la Lagunilla, está sufriendo un deterioro de su estructura por culpa del vandalismo. Por fortuna el interior, donde se desarrollan los cultos, no se están viendo afectados. Así lo afirma el responsable de Cáritas de la iglesia, Francisco Martínez, quien precisa que este hecho se viene produciendo desde hace tres años.

La feligresía ha realizado unos arreglos y ha puesto este hecho en conocimiento a la Policía y al Ayuntamiento, «estos destrozos reflejan la situación social que vive la barriada con una división social muy grande, donde convive una diversidad de etnias y religiones en un enclave donde ha bajado la educación urbana», atribuye Martínez, quien invoca al respeto. Las brigadas del Ayuntamiento han tenido que derribar los ladrillos que se rompen y los feligreses han mostrado su preocupación por la situación de abandono que sufre la zona. «La jardinería del entorno de la iglesia está deteriorada y no hay mucha limpieza porque vemos hojas secas por el suelo», comenta Martínez.

Esta situación de decadencia coincide con el descenso de la práctica de la liturgia, «la feligresía no se renueva porque disminuye la población joven, que se va a otras zonas de la ciudad o fuera de ella por lo que disminuye la evangelización que en su día hizo el añorado y querido párroco Celedonio Cózar», comenta Francisco.

En esta iglesia están muy arraigadas las devociones a la Virgen del Carmen y Santiago Apóstol «eso sí los domingos asiste poca gente a Misa», acota Martínez, quien ahonda en la sencillez y elegancia del interior del templo. Su familia se implicó en la construcción de la iglesia en el año 1958, que en un principio se denominó iglesia de la Trinidad. El jefe de obras fue Florencio Martos. «Me unen muchos lazos afectivos porque he visto desde pequeño su evolución, porque mi relación viene de mi abuela». Hoy en día no se pueden tocar ni las campanas de la iglesia.

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